martes, 27 de diciembre de 2016

De principio a fin

El gentío se desparrama en los sobres de la tarde (murmura, expulsa, codicia), con la elipsis de vos la pantalla vacía me hace extrañarte. Los correos de la noche apenas despuntan sus vicios, muerden el dolor en sus intersticios.

Urgen unas insípidas distracciones, al menos me regocijarán temporalmente como unos rellenos bombones. Y eso que generalmente no me gustan, porque el chocolate tiene estrategias difusas. Calma la inanición de amor, para luego ensalzar a la ansiedad y confinarla a su rincón.

(La abstinencia es una desfachatada obsecuencia).

Debo pertenecer al olvido (acariciarlo, perforarlo, administrarlo, habitarlo), pero aparecés y el estúpido indiferente me vuelve a mi realidad urgente.

Papas y batatas esperan, el horno las acelera, cocción a fuego lento en el alma que me tiene como carcelera. Me oprime, malgasta mi libertad, la envuelve en un trozo de pan (ni aún así viendo mi realidad puedo recapacitar).

Ay querida mía, el año en que vos dejes de sentir así con una tremenda vacación has de existir, borrando malgastados anhelos y pidiendo bebidas en un bar brasileño.

Jajaja, si, a veces me siento más loca que las cabras, escribiendo "a veces" con "h" y soltando a la idiotez sus amarras.

Al menos me río, con el aire del ventilador secando mis heridas, y mirando hacia las ventanas que se oscurecen en el abrazo de sus postigos.

"¡Ay, me rompí el dedo!", dice Emi, exagerando, y yo me rompo el alma con este corazón que te está amando, pero como nadie ve esa rotura apenas se percibe como una fisura.

Jajaja, y como le digo a Emi, aunque este 9 de Julio sea un ente quieto, aunque fuera un suplicio yo me armaría mi propio silencio, organizando esferas imaginativas en mis tiempos.

Despertá que el aire es gratis, no lo pagás para suspirar ni tampoco para respirar, notá qué las ganas de amar te pueden atormentar y ya te vas a hartar, y te vas a desenamorar, aunque las bandurrias nunca beban del mar, y sólo las gaviotas pretendan a las ballenas picar.

Es una desesperación que le pisará al corazón su emoción (eso espero, y de un sopetón).

Animate y verás, donde quiera que vayas el orgullo sacudirás, lo encogerás para luego sus alas desplegar, y por fin vivirás, sí que vivirás...

27 de diciembre de 2016

lunes, 26 de diciembre de 2016

Lluvia libre


Los pinceles empapados van disimulando el escalofrío del patio. Llueve intensamente y en chaparrones desesperados, como si la fiesta se adueñara de la noche.

Las estrellas se sacuden en sus camas, se tapan hasta la cabeza con sus elecciones personales, hasta el fin, como debe ser, acelerándose con sus brillos pasionales.

Los ruidos plagiados del corazón van acariciando con su estruendo a las canaletas y yo te escucho cerca, como saliendo del órgano de la tormenta, y te ansío. Decreto un pequeño momento de obsecuencia (sólo uno, nada más).

El disimulo es una especie de ceguera atosigada por el orgullo. A mi ya no me queda, pero a vos te representa.

Esto del decir como si supiera es una osadía, pero más osada es tu indiferencia que le huye a la acción, y para eso no hay razón.

Me importa un bledo esta rendición, la estreno tan en mi profundidad que los latidos de esta tormenta apenas tapan esta necesidad.

Todo lo que puedo hacer ahora es perseguir lo que queda de vos en este invento que me ha roto el corazón.

Hoy sí que suena el cielo, sabio como pocos, me silba con estruendos en el oído derecho y a sus estrepitosos combates me adhiero. ¡Con la severidad de los truenos me entretengo! Parecen tus ojos, rompen la quietud a su antojo.

Los nuevejulienses dirán que es tenue, pero la falta de costumbre me insiste en que viva el momento con esta lluvia libre. Te toco en esta gloria, lo que arde afuera me refresca la memoria.

26 de diciembre

viernes, 23 de diciembre de 2016

Trampas amarillas

Las trampas amarillas se revuelcan sobre la tierra practicando la aridez, ejerciendo la hegemonía de un vendaval y alimentando la escasez.

Los sueños son imposibles de cumplir en este escenario, pero sí los insectos duermen siestas eternas en la noche prematura, donde la vejez del horizonte se abraza al calor de la meseta.

Aquí los dolores explotan entre besos secos, se cubren el desamor en sus recovecos, son infieles a sus amores los alacranes, no se aburren entre el rugoso sudor del fin de la tarde.

Pero en Las Grutas la brisa refresca suavemente la tempestad interna, reabre su pasión con un cañón, y de una tenue devoción la infecta.

Acá se despiertan los grillos, se airean los felinos, se humedece mi alma del ejetreo posterior a tu encanto, y las heridas mastican unos chocolates livianos mientras vuelven al llano, y en la ruta se han desublimado.

Aletean los cabellos del gentío (son las ondulaciones de la incertidumbre). Pisan el agua y compran caramelos, cargan los termos para el mate mientras yo recuerdo el momento en que comencé a amarte, cuando no me miraba nadie, y descubrí en tu mirada un calor insoportable.

Aún debemos pasar por West Saint Anthony, y luego Red River. La provincia de Río Negro tiene un hedor que me persigue, ese entre sequedad y pastos verdes que amontona escombros y raíces, aquél que me insiste, donde aún se desarrolla este deseo que te invita a sentirme.

22 y 23 de diciembre de 2016.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Revolución

Para pensar en la revolución no caben dudas que primero hace falta un corazón. Si no lo poseés, pues entonces primero pensá con qué otra cosa te podés entretener. Romper un esquema es una verdadera tendencia, pero si las cualidades son sólo una apariencia deberías enjabonar tu mirada y pedir clemencia.

Las heridas que salen de las letras han luchado contra la avaricia, y en su vehemente sombra destruye atajos hacia la codicia. No me esmero por ganar porque soy una irrealista, que come sordera y se ata de manos ante la espera.

Estúpida ceguera, y yo que luchaba en mi mente contra las barreras. Vamos a buscar otro sueño, que acá la realidad ya tiene dueño.

Para pensar en tener una corazón hace falta una revolución. Sigo empeñada en enjuagarla con jabón, es que esta suciedad que me hace limpia aún no fue lavada de su herida, y quiere amoldar sus energías a una pared deslucida.

Justamente, para poner color sobre el dolor es necesario haberlo banalizado, y luego ajustado, y así resurgir de entre los náufragos como una emoción que sus virales contiendas se ha fumado.

A otra cosa y asunto finalizado.

18 y 20 de diciembre de 2016.

martes, 20 de diciembre de 2016

La posada


La posada

Pasan desapercibidos los recuerdos de Belén. Surge la energía del fin de año, de que algo nuevo lavará los dientes del anterior y por fin se quebrará la mala onda. Por eso se golpea con tanto fervor la piñata. ¿No es así?

Entre algodón de dulce, manzanas azucaradas, elotes y churros asistí al primer evento de mi vida donde se recibe aunque sea un mínimo regalo, mas allá de un sorteo. Pero como primer gran intersección antes del banquete, había que disimular la escucha de un discurso político remembrando anécdotas pasadas y conjeturas acerca de las buenas actuaciones deportivas del año. Parecía una misa, me hizo acordar a las charlas de domingo del sacerdote, allá en Trevelin, donde el frío coexistía con bancos duros y aseveraciones de rostros, disimulos, sonrisas falsas y falsas conciencias momentáneas. Por lo menos de parte del mayor número, aclaro.

Después del ente regulador entre la paciencia y la tolerancia, nos decidimos a aturdirnos entre alcohol (buena excusa para festejar en la posada) y manjares alimenticios. Para los tradicionales, unos frijoles charros envueltos en un tierno caldo, y para los niños unos cacahuates eran la antemesa al platillo principal.

Los ojos me sudaban, jamás había visto tal despliegue en una fiesta organizada por el lugar de trabajo. En ese momento no lo era, en Monterrey todo trabajo es excusa para reunirse los jueves y viernes por la noche y hablar de cualquier cosa, o vecino, o compañero (que no nos escuche, por supuesto), pero también es reunión, es amenguar dolor, es creerse por un rato que somos libres, que el festejo nos llevará a otro mundo, a otra posición ante nuestros jefes y ante posibles nuevos amigos.

Más tarde llegó la carne asada junto a las tortillas. Hay una exquisita sensación de lejanía, disfrutar de la tradicional forma de comer argentina con el condimento mexicano que todo lo quiere envolver en tortillas o cambiar de sabor ¿Por qué comes sin chile?, ¿por qué no le pones salsa?, son las recurrentes preguntas de mis compañeros. A pesar del apartado especial que significa tener al picante en la mesa, mi voluntad es más fuerte y comió la carne en si, con el sabor normal, con el sentido y el sabor del carbón o la leña.

Pero la posada no es sólo un momento de comida, también es un momento de regalo. Cada uno de nosotros debía sacar un número, y en un sorteo posterior sabríamos cual seria nuestro gift. Por supuesto, a nadie debía faltarle uno, y a nadie le faltó.

La comida, la bebida y, por supuesto, el baile, son dignos representantes de la posada navideña. Y pensar que todo comenzó como una tradición de visitas a las casas de las familias mexicanas, pidiendo alojo y posada en días anteriores a la llegada de la Navidad. Y la mutación del tiempo tiñó con los colores del festejo y la necesidad de compañía semejante fiesta.

(De vaya a saber cuándo, algún día de 2006, para el cuasi libro aún no finalizado "Entre héroes y extraños").

lunes, 19 de diciembre de 2016

Abrir puertas con la canción

Abrir puertas, como decía Gloria Estefan en ese cd que tanto escuché (y que tanto acarició mi discman cuando estaba terminando la carrera de Comunicación en 1997), o como decía Marta en ese tan bello “Tienes que vivir”. Muchas veces no las abrimos, es más, las cerramos por temor a vivir y a ser felices. Porque aunque parezca paradójico, la felicidad puede ser una experiencia muy compleja para vivir, y muchos no se atreven a enfrentarla. Quizás porque es muy difícil aceptar una posible pérdida, o tal vez porque nos cuesta transgredir las barreras del dolor y animarnos a sentir cosas maravillosas.

En un sinsabor se aprecia cada instante mágico que hemos vivido y lo comparamos (la comparación es una de las tácticas más ingeniosas del ser humano para superar lo que no podemos explicar por propio argumento) con aquello bueno que alguna vez se nos ha presentado. Pero, ¿y si la vida consistiera en vivir solamente, sin agredir ni a los orgullos, ni a los momentos indignantes, ni a los seres que pretenden hacer daño, porque al fin de cuentas, la vida en su mayor o menor medida depende de nosotros? ¿Pero y si la vida no consistiera también en vivir lo difícil, porque de lo fácil hasta las pestañas se hacen cargo?

Yo he querido abrir cada puerta, cada rectángulo artificial que se me presentaba, aunque fuera conciso. Sabemos que cada apertura es perfecta, porque es una nueva posibilidad. Y en cuanto a mi timidez, qué decir, una pequeña traviesa incoherente entre acción y corazón (más intención y sinrazón), resbalando entre mis sueños cada día, viviendo sólo de tratar de generarlos y acondicionarlos a mis nuevos propósitos, como lavando sus manchas y centrifugando sus locuras. Puro noctambulismo para luego caer ante los encantos de la vida, y vivir.

Yo he querido entibiarme el corazón, como lo tenía en mis tiempos antes de viajar al exterior de mi país, rellenito, confortable, resplandeciente, inocente, y hasta atrevido en sus sentimientos, pero puro en sus inquietudes, sin malos pensamientos, sin dudas al sentir, sin explosiones al vivir, sin nadie de quien dudar, sin temblores que superar.

 Y cuando no ocurre lo que buscamos, y cuando lo que soñamos es imposible, ¿qué?

Desconocida es el tema que más me gusta, o quizás el que nunca paso con el forward, esté triste, alegre, quiera escuchar canciones románticas o aquellas pum para arriba en cada playlist. Es bueno eso de guardar algo, de dejar para nosotros algo que el otro no pueda descubrir, porque la sorpresa genera un efecto reparador para aquel que quiere superarse y no escuchar a los que intentan tirarte para abajo tus deseos y objetivos. Además, enciende intriga y una probable sorpresa por describir nuevos atributos existenciales en el otro.

“Sustancia húmeda que cubre uniformemente la tierra”, decía el monstruo de Víctor Frankenstein, para referirse a la nieve. Elemento que late e inventa teorías sobre el amor, sentimiento que arremete a galope con sensaciones y atracciones sobre el cuerpo del otro, espesor en el alma que propone al ser herramientas para acariciar la vida del ser humano, pequeños redondeles negros ubicados bajo la frente que aseguran la inestabilidad de las almas, etc etc, digo yo sobre todo esto que me ocurre, como si lo que pasara fuera tan perfecto al raciocinio para describirlo con definiciones de diccionarios románticos.

Y aunque no seas vos apareciendo siempre espero tu aparición.

“She´s the one”, dice Robbie Williams, y recuerdo cada espacio de emoción en aquellos tiempos difíciles del año 2000 en Puerto Deseado, no cabía la valentía porque nada significaba, no había lugar ni a la queja ni a la desilusión, no había criterio alguno ni posibilidad de renunciar (aunque faltaba la valentía no se debía renunciar). Esa canción de Robbie, como algunas otras, me dieron un frontón de paz donde paliar mis necesidades, donde atesorar al menos un suspiro en el silencio, porque nadie debía verme (ni se podía) relajar, o tan sólo respirar. Y luego en  2001 se me paró el corazón, pero de una felicidad que me atosigaba con montones de ilusión recubriendo las gestaciones de sus venas, y desprestigié a la mismísima indiferencia para conocer el amor.

Momentos de dolor sólo son paliados con música y lectura. Siempre que la pena desenvuelve sus barreras y se muestra desnuda ante la insensatez, ahí aparece la canción para frenarte un poco de una vez. Todo con música es diferente, hasta el humo que cruje en las llamaradas del corazón tiene aromas exquisitos, y no pretendemos dejarlo de adorar, aunque duelan sus quemaduras, aunque aprieten sus ataduras. El silencio no es salud, sólo el convincente abrazo musical eleva a lugares incandescentes a la humanidad, como si le robaras los gemidos al mar.

29 y 30 de noviembre de 2016.









sábado, 17 de diciembre de 2016

Imaginación versus realidad, ¿quién da más?

Yo imaginé que la realidad superaba a la imaginación, pero me equivoco porque sólo imagino, y el cuentito de lo real no tiene aroma, tan sólo un camino por el que la falta de libertad te doma.

Intensificar el tacto no quiere significar que con mis sueños no hagas un pacto. Creo que mi lesión en las rodillas apenas me hace cosquillas, suavemente por mi indiferencia se desliza, no hay mejor selección de movimientos que cuando te toco en la sensación que te provoco, y si no calculo mal, creo que no es poco.

Mi debilidad es creciente, ¿o inconsciente? Murmura por el camino pavimentado y grita por el enripiado. Las piedras no destruyen el imaginario, más bien lo calientan, y limpian su exceso diario de deudas con lo bestiario.

Cada ser interior que se da al exterior corre el peligro de ser conocido y perseguido, por sus estupideces o insensateces, es el precio a pagar en un mundo del que se duda hasta de aquel que intenta amar de verdad.

¿Imaginación o realidad? Hasta pueblos se han creado sólo por el hecho de imaginar. El ideal lame fuertemente el espacio irreal, y se condensa con su espíritu: en este aspecto de nada sirve lo real.

Como si esto no fuera una advertencia, en tus pupilas creo pantanos de indiferencia, porque puedo percibir la indefinición cuando a la vejiga del mundo se integra la indecisión.

Huyo de eso de escatimar y maniobrar. Para qué permanecer, mejor pertenecer, si finalmente a la tierra iremos a perecer.

El cuento ha concluido con sus formas: a pesar de su irrealidad, la imaginación es lo que finalmente transforma.

14 de diciembre de 2016.

martes, 13 de diciembre de 2016

Martes 13

En los vidrios resbala el deseo, el sabor de la humedad se desliza en el sonido sofisticado del viento, tiembla el dolor, agoniza el gris en la pérdida de su color. Te voy sintiendo desde temprano y ya no puedo imaginar un hábitat mejor. Esta saturación de esencias naturales persigue mi expectación.

Es tu luz, que entre los caminos desahuciados de este martes 13 me iluminó.

Recibo el consejo de una gota que baja por el maullido de Lucy, pero aconsejar a una idiota es tan estúpido como el consejo mismo, es redondear un viaje por la insalubre senda de un ser desconcertado, que vibra, que se ve condenado y atosigado por sus demonios bailarines, arrastrados con sus risas como entre jardines.

Un matecito se enfrenta a la vela, arranca de sus sueños al humo, perfecciona sus movimientos ascendentes, se pasea entre los sonidos del viento y yo, como no te tengo, hasta te invento. Reniego de eso, pero te enfrento, te desafío, y hasta te desintegro. Al ratito, en un abrir y cerrar de ojos, estás de vuelta como contándome el cuento, y te lo creo, porque hoy es martes trece, y hasta reviven mis conocimientos, y la credulidad me atrapa por momentos.

Sin embargo, como toda creación del deseo, ardo en mi propio infierno. Y por el amor me pierdo. Las ventanas ven pasar la lluvia escalando por mi secreto, subiendo hacia la cima, visualizando mis idiotizadas retinas, y estás vos como todos los días, armando a mansalva con tus melodías la existencia que ni hasta yo me creía.

Martes 13 de diciembre de 2016.

Silencios y gritos

Un pequeño silencio me desnuda, lo quiero y no lo quiero. Me entrego, sí que me entrego.

Ahorro saliva para degustarte la piel (hasta los años habré de ahorrar), me arrojo en el mentón de tus brazos, definitivamente el calor me erotiza en tu regazo.

Una sábana suave es receptora de un dulce castigo, tenerte tan cerca, robándome los sueños, asediando mi paciencia, y yo en tu esencia te persigo.

Un suspiro se rompe en este desnivel de la noche, hay luciérnagas opacas que revisten el deseo, las estrellas se deshacen en nuestras manos, es amarte una explosión y un derroche.

Voy queriendo alejarme, para sanarme, pero luego sólo quiero deslizarme por ese volcán que a tu cuerpo satisface.

Otro silencio se funde con el sonido, palabra y sentido arrastran su pasión, desenvueltos hacen el amor. No me creo destinataria de lo que aún no sucedió, sólo acepto el 50%, y lo otro te lo demostraré a vos.

Quiero y no quiero (litigio de voluntades), me estremezco, es fugaz pero tan vital tu libertad, que recostada en tu sombra te daré más de lo que me das.

Hay un murmullo, es el ala del ventilador, despedazado juega con nuestros aromas, modifica nuestras formas, se orilla sobre nuestras piernas, en derredor a tu nombre pasearé mis caricias secretas.

No pensaba decirte nada, pero la palabra me ha dejado obnubilada, coquetea conmigo en su vientre, y mi grito se arrastra sobre tu aliento. Junto al tuyo se entretiene, hacen bien en sacudirse para que se rebelen.

Es la furia desmedida, no existe tiempo para frenar esta partida. Vos jugás, yo juego, es el olor en tu pelo lo que me ha dado este desvelo.

1 de diciembre de 2016

viernes, 9 de diciembre de 2016

¿Dónde estará mi inocencia?

Entre el estilo y la ternura, entre el glamour y la simpleza, un corazón busca el camino para salir con delicadeza, porque en esa pocilga que lo encierra sucumbe su gentileza. Y con esa destreza que a cualquiera haría perder la cabeza, intenta escapar por una ventana que se abre y se atraviesa, con una pizca de conducta inmoral que se sacude como un vendaval. Su objetivo es dejarse abrazar.

La mirada le saca el pantalón al día, y el corazón está en ese punto justo del que se enfría, pero el amor (del que sólo sabe cada quien a su derredor) tiene el abrigo necesario, para hacer del denso hielo un candelabro, atorado en besos desmoronados que van subiendo por tu cuerpo desesperados, incitados por tu aroma desequilibrado.

Una mariposa se ha posado en mí, justo en la parte de la campera rosa de Boca, en el hombro que espera tu cabeza para adorarla con firmeza, porque no puedo siquiera imaginar una adoración más exquisita que tu belleza, y mientras suenan las notas de Something de The Beatles en el patio me voy consumiendo los suspiros como quien se abraza a aquellos cactus, pinchando pero abanicando la ilusión, sedienta de emoción.

(Lloro, pero al menos estoy afuera, con un sol que con su paciencia exagera).

Conectándome con la naturaleza le he sacado a este dolor su pereza. ¡Si pudiera ejercer un poder recitaría este amor al amanecer! ¡Si fuera posible hacerte estremecer! Pero sabemos que la lumbre se tienta con el candil de la ignorancia y se encierra hasta que deje de sufrir por su falta de abundancia.

Haría lo que sea con vos, el amor consiste en ayudarse mutuamente a pegarse a la sensación de tocarse el alma con las manos y acercarse con caricias a la pasión, como vocalizando lentamente y elevando la respiración, hasta realizar prácticas secretas de espionaje en la perdición. Toda una situación de erudición es el amor.

Los pastos secos han sangrado su clorofila, aumentan el paso del tiempo de una humanidad que nos vigila, y así, a esta hora, donde las mentes se cubren los rostros para refugiarse en la brisa tranquila, y donde el sol con sus vestiduras patina sobre las retinas, se me escapa la lágrima que tu esencia no mira.

Ufff, me llené de pinches, me deslicé por este escondite de plantas y confites, aseguré con cerraduras lo que aún era libre en esta ternura, es que el trayecto nos va atosigando con sus cambios y en nuestras caminatas retrocedemos unos cuantos peldaños.

Ya no soy inocente, y me duele, ¿dónde se ha ido mi credulidad que me espanto ante tanta libertad? Si pido un deseo es sentirte en este abrazo como si me hubiera quitado los lazos de este retraso, y volver a caminar con mi inocencia de la mano, para no sentirte tan lejos, y así no pensar que todo ha sido en vano.

19 de noviembre de 2016.

El ventarrón de Dalí


Este ventarrón frío y seco se asemeja a Dalí y a su troupe de artistas surrealistas. Quiero dar una pequeña insensatez por sentada: tal es así que este porfiado viento también se parece a mi alma enamorada, que se sofoca en el tránsito lento hacia su propia redada, acalorada y vertiginosa como pocas, aturdida por tu seducción venenosa.

Justamente es el momento de la clase de Lengua y Literatura en el Regimiento. No diré de qué curso, pero es martes. Mientras los chicos leen el cuento fantástico "El escuerzo" de Leopoldo Lugones, recuerdo cuando yo también lo hice a fines de los ochenta en la escuela secundaria de Magisterio de Esquel. Me sorprendió. Me gustaban esos cuentos extraños donde lo desconocido recitaba su parte en la historia e increpaba a tu entendimiento. Y me acuerdo que, tomando como referencia esa trama, nos hicieron escribir otra, personal. Quizás esa fue la primera vez que escribí un cuento (y me parece que la única), y hasta me emocioné con los resultados. Si mal no recuerdo, el título fue "La hora señalada". Vaya a saber de qué trataba, pero era mi primer pequeño "grandioso" triunfo en mi encuentro con la Literatura, con la que tal vez no me lleve de la mejor manera. Es como de esas relaciones en que una ama más que la otra. Es así, una situación dispar.

No había materia mejor que ésa. Tuve hasta una profesora española en tercer año, leímos "El Mío Cid", "El Quijote", "El lazarillo de Tormes", "Fuenteovejuna" y poemas de Miguel Hernández (entre los textos que recuerdo). Sin embargo, lo que más apreciaba de la materia no era tanto la Literatura como la Lengua. La ortografía se convirtió en mi pasión y la gramática en una diversión.

Antes una podía divertirse descifrando enigmas lingüísticos, y hoy se los sufre. Antes jugábamos con las palabras, y hoy nos aturdimos con su desparpajo y hasta con su indiferencia. Porque los humanos a veces pecamos de indiferentes, como tratando de evadirnos de lo no conveniente y consumiendo pedazos de placeres potentes.

¿Me estaré proyectando en el prado de la indiferencia? Quizás bebo sorbos de su propia medicina, y me ha entrado la venganza por la esquina. Ya no sé si somos omniscientes, protagonistas o testigos, o todo al mismo tiempo en diferentes partes de nuestras historias. Pero sí afirmo que de nuestras penas poco podemos responsabilizar al alma ajena.

Afuera clama el viento en su entrega medular sobre las ramas, unas se revuelcan en sus sombras y otras se mueven con una sinfonía idiota y sus apuradas notas. Los alumnos charlan entre ellos consultando sobre las actividades. También me consultaron por la pequeña herida en la mejilla, debajo del ojo derecho. Y es que me saltó encima un pequeño trozo de carbón encendido, cuando preparaba el sábado el fuego para el asado que compartimos con Emi. ¿Seguirá saliendo así el carbón, con esa personalidad de fuego artificial y con el desapego de un ser desleal?

Tengo tantas, pero tantas preguntas, que ninguna quisiera hacer en voz alta. ¿Para qué? ¿Servirán de algo las respuestas? Porque atino a pensar que la liviandad es mejor que resolver consignas inconclusas, con sus maniatadas figuras y sus explicaciones difusas. Me he propuesto un objetivo, pero el camino es silencioso y malandrín, de mis dudas es testigo. También me autoconsulto sobre los resultados. Pero en este silencio es imposible avanzar. Mejor dejar pasar.

Siempre hay una buena excusa para no trabajar, que si es difícil, que si es largo, que si es aburrido...y también nos encontramos con una pared desmotivacional. Pero la esperanza se pasea cuando vemos asuntos atendidos, cuando alguien come distintos caramelos o en el momento al que a la brisa le brota el terciopelo, y ya todo vuelve a interpelar a la negociación en el abrazo, aunque las ráfagas se insulten entre ellas finalmente se rendirán ante el tiempo y su regazo.

Para el viernes pronostican 25 grados (hoy tenemos 10). Al final, el tiempo parece ser más cambiante que el ser humano.
15 de noviembre de 2016

martes, 6 de diciembre de 2016

Parafernalias

Parafernalia. Pensaba subsumir esta noche de lunes a A Fine Frenzy, pero el Instagram no me lo permitió y ataqué a los enemigos que podía con The Chemical Brothers.

El pequeño círculo de madera está ensangrentado, teñido con tintas de espinas y destellos de estrellas. Los geminianos parecemos ser así, vamos aquí y vamos allá, pero yo tengo adherido mi deseo al corazón, aferrado, amarrado, y mi satisfacción depende de mi ilusión. Eso no va ni para un lado ni para el otro, se queda acá, y no lo puedo cambiar, ¡no puedo!

El brillo se encrusta en el negro angelical. Las parodias, las personificaciones y la antítesis le otorgan la carga semántica a mis sentimientos. La noche va pasando entre los cables y la eternidad. ¿Hasta dónde llegará este circuito de palabras? Es una parafernalia somnolienta, ronca pero no quiere dormir, me entrego a la z pero estoy despierta, se puede destapar al silencio pero no te escucha, y te quiere tocar.

Espero que respondas, pero luego pregunto "¿para qué?", si hasta huele a mentira. Me tiento con embrollos y visados artificiales, que finalmente no sé cuándo son verdad. Esa es la duda, y hasta la potente parafernalia sabe que es hora de dormir, pero no se retira a descansar, quiere poder entre los textos el sentido saquear.

Este Richard Marx, combinación entre mi amigo Ricardo y el Carlos socialista, sí que sabe. Justo hoy lo veía en una foto con Shania Twain y Daysi Fuentes. Si pudiera decir que lo bizarro también simboliza esta parafernalia que describo, entonces "Angelia" y "Hazard" la han completado.

Finalmente, como lo he comentado brevemente en Twitter, "que cantidad de "peros" se interponen en nuestros destinos. Pero esto es vida, porque del confort cualquiera vive, ¿no?". El hocico de nuestras almas ya huele la Navidad, y me pregunto por qué tantos regalos queremos hacer y recibir. ¿Sólo es por este barato consumismo? Y me refiero a que es fácil comprar con dinero, se tenga mucho o poco, se compra y listo, se envuelve y se regala, pero cuando se quiere obsequiar el corazón pocos lo dan y pocos lo reciben.

¿Deberé seguir aceptando cómo es esta vida, y la situación de parafernalias en la que está metida?

5 y 6 de diciembre de 2016.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Depresión amedrentada

Las voces pueden más que las paredes, la pintura se eriza porque la susceptibilidad desespera, el derecho empieza por traspasar la decisión. Cuando algo se dice se hace por algo, pero cuando algo se lee se interpreta según el lector. No siempre es la primera intención del escritor, y el texto es una decoración: hay que saber escuchar cuál es su canción.

Una palabra cruza el umbral como debilitándose, sus pies están cansados, oyen el rumor de un vértigo acelerado, la nube envuelve sus penas, el viento recicla su dolor. Decir es tan sincero que duele (duele bastante) y escuchar es tan filarmónico que asusta. Y aunque a veces las frases puedan envolver entre flores las esquirlas y las chinches, finalmente quien ahonda en su vida descubre lo que vive.

(Me molesta un poco que cada quien que entre a esta oficina te quiera dar un beso, y me atonta el pensamiento en todo momento parar esta discusión que tengo con el día, ya que la quiero concluir).

Viene galopando entre sueños la palabra, te quiere alcanzar, pero un pozo le atrapa la ilusión, la hace indiscreta, la desviste, la entrega al gentío, y ella sólo quería tocarte el corazón.

Los lunes a veces comienzan con el picoteo de los pájaros en las chapas, los rayos a veces también saben que es lunes y se meten suavemente por mi ventana para despertarme, pero hoy no hubo insomnio, la luz descansa, como lo hacen los pájaros, y el pensamiento constante de vos ha dormido entre las sábanas gastadas y arrugadas. Me puedo permitir una depresión amedrentada, que no me estorba pero que me agota, sólo por hoy.

05 de diciembre de 2016.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Historia de amor entre la lluvia y el mate.

Lluvia y mate se conectan, izan las banderas de su adoración, se untan con las cremas de la pasión. Aurora no ha sonado, pero sí la inverosímil disputa de la yerba y las gotas, que insisten en refugiarse una con otras, en un paraíso matinal que no se agota.

El fresco inicia un montaje de salpicaduras y aromas, las paredes tiemblan con el efecto del hedor de la lluvia que las adora, desodoriza al mundo con su ingenio mojado, como si pretendiera retroceder su andar y volverlo al camino extraviado.

El sol palidece en este encuentro, se mecerá entre las nubes hasta que sus energías regresen. Es un condimento desatinado en este concierto sereno y desordenado.

La humedad tiñe de ganas lo seco del polvo, entre el calor terapéutico de su ternura y su inconsciencia besa a la yerba a su antojo, destapando lo imposible, asediando sus límites, y en la suave entrega se van limpiando sus tintes, hasta quedar lavada como una herida enamorada.

Y se aparece el viento, sobre un camino estrecho, despeinando los rulos de la lluvia, que se toma un respiro en su lucha. El mate se entretiene con el impás que se merece, acumulando sueños hasta convertirse en su dueño. Las ganas de la conexión persistirán, en sus caricias se bañaran, hasta que la concreción de la historia de sus almas pueda más.

14 de noviembre de 2016.


"You belong to the city, you belong to the night."


Los retratos pegados y asegurados firmemente en las canciones, sean en inglés o castellano, me dan un atractivo comienzo para detallar con esmero lo ocurrido en ciertas circunstancias.

Puerto Deseado, hace tiempo, se debatía entre ser una ciudad o un pueblo. Dicen que si posee más de 20.000 habitantes ya forma parte del reino de las ciudades, pero por su personalidad presiento que aún conserva la peste pueblerina, que no es mala, no es buena, simplemente es un quehacer diario de cosas que pretenden manifestarse y surgir, como soliloquios que intentan difundirse, o pequeños detalles que quisieran salir a la luz en extensos encuentros.

Aún no me queda claro qué es Deseado, sólo me queda pensar que pronto me iré de aquí y que mi destino volverá a mutar. Lo único que no muta es mi alma, siempre recogida en la autopista de los sueños, le hace dedo a la imaginación, pretendiendo subir a sus automóviles, hurgando por atención y contención en un mundo indiferente. Pero al menos habla en silencio, al menos habla, eso quería decir.

Hoy fui al Inset porque tenía una mesa de examen de la que era vocal. La alumna que rendía no se presentó. Eso me llevó a pensar que las oportunidades son descuidadas como los besos que no se dan, o como cada pequeña caricia que no llega a destino, o cada insistente palabra que se ahoga en llanto porque no reinicia su existencia en los oídos del ser amado, algo así es descuidar una oportunidad para superarse, una hora para mejorar tu trasfondo existencial, un espacio para derramar y demostrar tu capacidad.

Eso de las oportunidades desaprovechadas me da que pensar. No sé si lo he hecho muy seguido. Cada pequeño espacio y cada pretencioso minuto he tratado de aprovechar. Ahora me fugo sola por las veredas nocturnas y desvisto mi ser ante la música, solamente, como un fuego que poco a poco se va extinguiendo camino a los sueños. No quisiera que ocurriera tan de pronto, no quisiera que ocurriera, punto.

A pesar del paso del tiempo, a pesar de haber dejado legumbres en mi camino (y no migas de pan, como lo han hecho Hansel y Gretel), podría haber hecho más, Sin embargo estoy acá y no me arrepiento. Hasta alguna vez en mi vida me han temblado las piernas, eso ya hace valer la pena la existencia. Hasta alguna vez he amado de una forma sublime (no subliminal), y el resultado sólo es una contingencia, porque cada vez que tu corazón late la vida se llena de placer, la humanidad se hamaca hasta el anochecer, el pueblo se entrega hasta hacernos satisfacer. No sé si eso es crecer, pero entre mis experiencias me puedo mecer.

Como fue una mesa de examen “plantona”, trunca o como se diga, me fui temprano a la Muestra Anual que se realizó en la EPJA Secundaria 18, y de la que formo parte como docente, pero sólo del anexo Regimiento (que queda a pocos kilómetros de Puerto Deseado). Mis alumnos de tercero y cuarto año estaban allí, presentando distintos proyectos de acción que idearon con sus profesores en varios espacios curriculares (a los que también se les llama materias). Mi primera intención fue no asistir, porque por mis arremolinados días y porque tengo poco contacto con el edificio institucional de la escuela, no pude crear ningún proyecto en el que los chicos pudieran participar. Trabajo en varios lugares, mi año zigzagueó, o por lo que sea. Pura excusa, no lo hice y punto. No se me dio. Y como soy vergonzosa, en un primer momento pensé en no ir, ya me hacía la idea de caminar sola por los stands viendo a mis compañeros explicar sus proyectos y me dio "cosa". Pero fui, simplemente porque mis alumnos del Regimiento participaban y le había prometido a una alumna ir para probar las exquisiteces que preparan gracias a su proyecto culinario. Sólo estuve un ratito, pero vencí mis temores y me deleité. Paseé y charlé casi con todos, pero en especial con mis chicos. Había proyectos turísticos (en combinación con inglés), geográficos, sanitarios, de reciclado de elementos, culinarios, de ropa, de seguridad, de clases de manejo, literarios, de física y construcción de lámparas, etc.

Sé que las consecuencias deben ser aceptadas, y por ese motivo no me justificaré. Todo es un aprendizaje, como aprender a perseguir palabras al anochecer, entre sahumerio, vino, luz, música y pensamiento, cada perfecto motivo es aprender. Si tuviera que arremeter contra la subjetividad de nada valdría la objetividad. En definitiva, la objetividad es sólo una palabra hueca para deshacer lo que pensamos particularmente, o lo que sentimos. Es un invento del sistema para sostener su cometido, la arrogancia de la columna vertebral para conformarnos dentro de un eje. Es que si todo fuera elección, la partida de estructuras y estaturas se convertiría en rebelión. Y ya son las 23 hs, al sillón.

23 de noviembre de 2016

jueves, 1 de diciembre de 2016

Parece que lo más digno de pensar en Puerto Deseado es cómo vamos atravesando los paros.



Tuvimos varios, hasta hicimos retención de servicio. ¿Cuál fue la razón? Los pagos de sueldos a los docentes quedaron retrasados, es como pretender atrasar también la vida misma, alimentarse en tres días a más tardar, pagar los servicios públicos en una semana, o viajar en dos. Es como pretender que el viento se convierta en un incienso en el patio, y saborear los detalles que la tierra ha dejado en su febril naturaleza.

Hoy, 1 de diciembre, nuevamente se para. El escrito que los congresales del gremio han difundido explica que será por tiempo indeterminado hasta tanto no abonen sueldo, retroactivos y aguinaldo. Pero yo quisiera sólo cobrar de tus ojos un beso, y eso temo es imposible. Por lo tanto hoy jueves y mañana viernes no pararé, quizás si la semana entrante, hasta tanto me invites a la fiesta que organiza tu corazón.

Me pongo a investigar en el aire y descubro ciertas sensaciones, cosquillas en los brazos, alternativas húmedas en las paredes, posibilidades en el péndulo del reloj, brillos en los trofeos de tenis y hasta un marrón oscuro para mis muebles en la próxima mudanza. ¿Será mi Trelew querido la solución al hechizo? Lucy está afuera, renegando con el viento y sus disgustos. Pienso si se acostumbrará al nuevo patio y a los ladridos de los perros de los vecinos.

Afuera la tierra viaja entre lienzos y lazos, hace uso de su inestabilidad vespertina, huele a prisión blanquecina. Las ramas absorben la ceguera de los pájaros y yo no puedo calmar mi hambre: te necesito. Huyo de los libros y sus verdades, ya no quiero saber, ¿para qué? ¿La verdad me hará libre de vos? Absolutamente incierta es la respuesta.

Saludaré desde la ventana a los que hagan paro y me quedaré protestando contra la lentitud del Internet de Speedy. El olorcito me trae recuerdos: la tranquilidad, el hogar, la pasta frola, los pimientos en la sartén, la cebolla casi quemada y abrazada al aceite, las arvejas danzando entre las papas...todo esto parece una evocación, la locura es mi vocación. Olerte a media distancia aunque no estés, susurrarte al alma aunque no escuchéis, y aunque todo se ve del revés me entrego a tu ser...no me importa, de verde, blanco o negro, entre las ruinas de mis zapatos hacia tu camino partiré.

No me gustan los toreros, ¿por qué no le clavan el espectáculo lastimero a sus almas? Alguna privación deben tener, algo les falta a estos muchachos, sabiduría para ejercer el aplique de las dagas en sus mentes pequeñas. En ocasiones pensé en la libertad del toro, cuando se zafan del enjambre rojo y descarrilan hacia el individuo. Imagino sienten placer, y no quiero pensar si estos mismos toros algún día dominan el mundo. No es menester pensar en la venganza, pero hay acciones caricaturescas y espectaculares que deberían erradicarse, costumbres que deberían desmontarse del lomo de la humanidad. Ver correr sangre sólo alegra al inhumano, aparecer como un perverso juguetón que se revuelca en sus destrezas agresivas sólo es para estúpidos. ¡Vayan a estudiar!, dirían algunos.

No sé por qué pensé esto mientras el viento se redoblaba entre ría y calles de tierra, también zigzagueaba entre vidrios y chapas. Mientras tanto llegaba una nota de conciliación obligatoria para el gremio docente. Hay que esperar (¿más aún?) por la verdad. No es un camino fácil el que le ha tocado, la subjetividad y la información son sus aliados o sus barreras, según lo veamos, y no habría nada más hermoso que poderla encontrar. Por ahora prefiero desvariar.

14 de noviembre y 1 de diciembre.

Cuando uno ya no lo es todo (o parcialmente) en la vida de alguien


El silencio rodea la especie. Hay una sabrosa fisura existencial, tenebrosa pero jugosa. La falta de sonido tiene en su pierna una herradura mojigata y apetecible. El sabor inunda la noche, pertenece a su secreto, lo construye, con paredes melosas y andrajosas, todo se derrite y se cae alrededor, todo sabe a distancia y absurda consolación.

La noche se divierte con la sal, el moho con el rostro encremado (mirá que me pongo cremas en la cara desde que tenía catorce años, ideas de mamá), el estómago con sus ruidos. Cruje la distancia y asevera la deserción. Pasan los cartones del olvido, se pasean restregándonos en la cara sus triunfos, triunfa la lipotimia del deseo, gana la ceguera de la perseverancia.

Pero no, es la falta de entusiasmo, eso es, es la instancia en el camino de no hacer frente, y es la pasividad de la prestancia. La severidad de la falta de lucha y la temeridad de no saber si se ganará al continuar. Se relame la inconstancia, se divierte la sangre legendaria, se dibuja con pinceles y se pinta con agujas, la radiación del olvido te embruja. A eso le llaman, creo yo, temor a la incertidumbre, como si vivir estuviera basado sólo en certidumbres.

Nada tiene sentido ya cuando nos hemos acostumbrado a otra cosa ahora irreconocible. Es falta de huevo, una gallina que no los pone, un pollo que no crece. ¿Tan disímil es para el ser acoplarse a una vida? ¿Tan inoportuno es este final, que no se sabe aún si ha causado una herida?

01/12/2015 , 23/11/2016 y 30/11/2016