lunes, 15 de agosto de 2011

Me niego a resistirme

Y los pastos humedecieron. El sol los contiene. La quietud se da un baño de inmersión en el silencio. Llegó el momento. Previamente, la manzana posa sus artimañas frente a mi. Me sentí cansada de ofuscarme conmigo misma, con la insensatez que se arrodilla frente a mis reclamos. Casi seguí llorando, pero la luz ha convertido mi ilusión en algo más que una distancia frente al ocaso, la ha salvado. Más allá de vos y la gente, mi alma ha permitido que las estrellas perfilen su luminosidad en esta meseta. Sos vos quien lo hecho posible. Pero la imperfección me rodea, nos rodea. El gigante arroja piedras y es perdonado, pero cuando los pequeños humanos caminan suavemente buscando su destino son juzgados. Será necesario hurgar en el néctar de la vida, tratar de entenderla, transitarla, olfatearla, organizar una filosofía del alma para cuando esté adormecida.

Sigo queriendo pelar esa manzana, tengo hambre, pero no tengo respuestas. Doy una vuelta por el recuerdo y retomo las sentencias que alguna vez dije. Son todas del amor inmenso. Como cuando tu mirada se tiñe de dulzura y arranca los latidos a la jauría de mariposas que anda cerca. No se cómo convertir rápidamente los dolores en delicias. No se cómo integrar el pasado con el presente urgentemente, no se cómo obligarlo a resistir, no se cómo dejar de marearme por los antiguos errores que no deseo volver a repetir. Yo sólo se que te amo. No se más de lo correcto, porque, ¿qué es lo correcto? Sólo se de oportunidades que se toman o se dejan pasar. No siempre las apretamos contra el pecho y les seguimos el rastro. A veces comenten el delito de hacernos caso y escapar, a veces se te olvida que cada pequeño detalle es la vida misma.

Cortaré la piel de esta manzana. Partiré mis días en dos y no quiero volverlos a unir. Antes era el silencio gobernador de mi vida. También presidían la monotonía y el desamparo. Hacían de concejales los pequeños dolores. Hasta que la decisión al menos afianzó el terreno fastidioso en el que me movía. Pero llegaste. Llegaste. Y hoy es el después. Mi alma evolucionó y se acercó a los ruidos y temblequeos. Empezó a pasear. Ya en la mitad del camino se ilusionó. Ya era otra el alma silenciosa, ya era aventurera. Hoy hasta el corazón late. Sufre por las incongruencias y los desvelos de los malentendidos, pero se hamaca de acá para allá esperando tu abrazo. Y quisiera abrazarte. Hoy un beso derrite mi impaciencia. Hoy tu beso me hace creer. Y la vida no es fácil, cometemos errores de ambos costales, pero el camino se hace andando y observando, escuchando y entendiendo. El amor nos entretiene mientras aprendemos a amarnos, pero es que yo ya te estoy amando. Me niego a resistirme.

viernes, 14 de enero de 2011

Varios meses fusilando emociones. Es que el trabajo va rompiendo y caducando tus ilusiones. No se si es personal o general, pero la automatización de la vida genera olvido, espeluznantes criterios del dejar pasar y observar con ojos turbios lo que es más claro. Esto de la rutina va adormeciendo las ganas de decir y sentir. Antes, todo y cada uno de los filamentos que al corazón acariciaban, hacían ebullición y rompían entre cuerdas los acordes del decir. Hoy sólo se apagan. Amagan a salir algunas notas del alma, pero luego viene la fuerza de la batería y el corazón ruge contrayéndose y acumulando las viscisitudes del tiempo transcurrido hacia adentro.

Hoy es mi último mediodía aquí quien sabe por cuánto tiempo. Rogué que pasara y que no. Alabé el aire que emergía luego del sol naciente y furioso de las mañanas. Pensé en regresar pero aun no es el tiempo. El tiempo es sólo cuestión nuestra y de nuestra decisión. El momento es sólo un vértice de la decisión, que encasillada lucha por salir y expresarse hasta que finalmente no escatime en gastos y decida. A los lejos se ve nuevamente el polvo. Surge como un sueño, y aunque no es el mejor es la experiencia y lo que ganamos viviendo y aprendiendo.

Yo te vi y te quise, y te quiero y quien sabe si te querré. Pero es imposible. Hay puntos imposibles de alcanzar, porque hay seres que no permiten que lleguen las caricias. No depende sólo de nosotros, porque el mundo y su energía es un campo de fuerzas de decisión, de querencias y de apetecibles miradas, no hay posibilidad de que una mirada gane por si sola si otra no la acompaña. No la hay. Quien sabe si algún día la tuya me acompañe. Quien sabe si el jugo de tu esencia brille en lucidez y dulzura o si sólo sea una bebida más para hacer descender la sed hasta los cimientos de la saciedad. Ruego que veas, porque yo te veo.