miércoles, 19 de marzo de 2008

Las notas

Notas en el aire, la sangre del viento se funde con la savia de la tarde y juegan a traspasar la vitrina para tocarte. Muchos ruidos, la hecatombe surge en tu mirada, inspira más glaciares que chicles desabridos.

Se rompe el hielo y un pájaro vuela sobre la ría relatando la falta de perdón, la ironía, el malestar, el descontento, el murmullo del cuchillo, el lamento que no cesa, los cañones abiertos que disparan soledad.

Hay tanta gente, viene tanta gente, camina tanta gente, pero mis piernas sólo tiemblan a tu lado. Galopa el alma entre tus manos y el sabor de la melodía. No es una guitarra, no es un eclipse, ni siquiera la luna que se acerca y saborea entre sus dientes el ardor de las mentes indigentes.

No, no es esa cuerda que alborota el ritmo de la vida, ni la electricidad de una cadena de notas que huyen hacia lo eterno, no, son tus ojos que desvisten el deseo de las noches incipientes.

miércoles, 12 de marzo de 2008

"It don´t hurt....". Entre gotas en la Ría...

Hacia mucho tiempo que no escribía, pero el tiempo acomoda los momentos, los momentos son sólo la precisa instancia de la necesidad de expresar. Hoy tenía ganas de decir...
Una gota, y otra gota, rodando va la sal por la ventana. Mientras tanto tus ojos cristalinos son la ventana por donde el cielo perfora mi alma. Me ves, y la gota aprieta su emoción contra tus dedos.
¿Por qué la gente se burla de los demás en el atardecer, urgando en el esquema de sus intempestuosas vidas? ¿Por qué vivir no es sólo construir nuestras propias vidas sin interceptar cada acción y reacción de los otros?
La humedad de tus labios se bebe el tiempo. Parece que corremos carreras contra el silencio, y la plaga de los años muerde la liviana ceguera de la reflexión. Nos apuramos tanto a decir que no escuchamos, cargamos la Ría de desérticas palabras. El horizonte fluye su vista entre lobos y pájaros, pero no escuchamos, no decimos, sólo agitamos la voz como en galopes y tormentas.
Una gota, y otra gota, rodando va el agua por tus mejillas. Pero te consuelo, te beso cerca del humo del futuro pensando en el presente contínuo, aquel que mece tu cuerpo junto al mío en este juego de encuentros y pensamientos, aquel que te siente y te toca, y te observa y te piensa, y te besa los ojos, aunque no estés cerca.