domingo, 13 de noviembre de 2016

En palabras de la minoría

Si la mayoría busca complacer al gentío, la minoría pretende ser de la humanidad sólo un río. Salpicar con piedras los soliloquios, desprender sus cadenas al viento, principar como actores del tiempo, aunque con sus aguas no se hagan experimentos.

Pero el amor es finalmente ser con el otro. Otra cosa es. Aparte de todo, con todo. No hay libertad en la soledad, y la soledad no es imperativamente la calma de la libertad.

De nada sirve que gustes por aquí o allá, o que no se aprecie para otros tu verdad. Amar es un desquicio que cuando lo encontrás no mira todo lo que hiciste atrás, sólo practica elevar conciertos entre gritos sabiendo que su armonía es, a pesar del canto de los grillos, lo que te eleva al infinito.

La cebolla me ayuda a hacer lo que mi voluntad se niega a verter sobre el contenido de una página, paciente, que me espera con su sátira. ¡Este escrito es una trampa!

La sensación en el estómago...es el momento de producir el efecto, de cantar a las nubes en la neblina y en esta brisa repentina. Y en el medio del proceso, un eclipse me vuelca a su escondite, adentro me veo, en medio de lo oculto, tapándome, pero no, ¡quizás sea tiempo de asegurarle a mi deseo lo que busco!

La vanidad cumple, a destajo, su voluntad, se entrega al encuentro que persigue la libertad, viaja en forma ascendente pero astringente, se va bebiento cada gota que el placer aporta, denostando el entendimiento que sólo sabe de aprecio, volando hacia lo incierto. En el pudor, con tu mirada me tiento, pero no la encuentro.

Antes el amor no se cuestionaba si eras libre o no, porque ser libre era amar deshojando poemas en un pupitre, o llenando de besos lo comestible, o pecando con pulpa de frutilla sobre un aljibe.

Antes el amor no hablaba de soledad porque abrazar no era tu cárcel en la posteridad, era el milagro de la eternidad.

Antes el amor no pensaba en el tiempo de la fiesta, porque sobre el cuerpo amado y displicente, inherente a lo urgente, disfrutabas dormir la siesta, saboreando el aire de un ventilador que hacía de tus caricias una cena mejor.

A veces supongo que soy cursi, ¡absolutamente! Y me hallo sola en un descampado de palabras que se tientan con salir de entre las matas, pretendiendo saber qué es amar para mí y para el otro, como si saber fuera para ellas la convicción que las idolatra. ¡Y el desierto se concentra en sus espinas, y la efervescente mirada del horizonte las domina! Son palabras nada más, urgando sobre su beneficio existencial.

Es mentira que el amor no gana, pero sí ha perdido fama, es preciso congelar los dedos del deseo y conformarse con dar un paseo sobre una noche pegajosa de enero. Pero ojo, que el ruido es un arma peligrosa, te ciega, te altera, te desvela, de tu falta de amor se alimenta.

Insistente en mi postura voy perdiendo estatura, es como aplastar una fruta madura. ¡Mis palabras desordenan mi escritura! Pero te amo, con el corazón en la mano, latiendo, temiendo, enloqueciendo, y con sus venas en tus deseos va cediendo, de tu copa bebiendo.

Arañas

Hoy aprendí (entre risas) que las arañas se cuelgan de sus telas para llegar a nuestros rostros y adorarlos, o adobarlos, y atomizarlos, deslizando sus esqueletos, como una forma de provocarse la seducción, y ejecutar el acto de instalar allí sus huevos para nuestra perdición.

También escuché que nos salpican elegantemente con sus fluidos, como queriendo conquistarnos en nuestra inconsciencia. ¿O estamos conscientes cuando se erotizan ante nuestra apariencia?

Hasta parece que supieran más de nosotros que nosotros mismos, y nos aplican el efecto de la afectación en nuestros letargos, un estrepitoso abrazo, en nuestra piel de raso.

 ¿Cuánto más nos afectamos cuando no miramos alrededor ni sabemos desinhibir lo que de otros destila resplandor? ¿Cuánto tiempo más nos veremos fríos ante los lenguajes del gentío? Porque no hay un solo ser superior que aún en su vanidad no pretenda vivir el amor. Y si de intensidad se trata, no hay elemento más contundente que el alma humana para tratar con vehemencia a la indiferencia y sus apariencias.

Arañas, pequeños insectos que, como rebeldes amenazas, se van infectando del silencio y los desencuentros, y aprovechando su desfachatez emergen en la noche para derramar sus latidos sobre nuestro bienestar. Parece que (como en el dicho), cuando todo menos esperas, todo más puede pasar.

Lunes 7 de noviembre de 2016.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Olé

"Con sólo una mirada" emprendí el primer contacto con Olé Olé y Marta, fue de repente que accedí a practicar este juego de cartas. A través del cd de "Grandes éxitos" inicié un diálogo con el vértigo, bastó un pensamiento sutil antes de partir a paddle para sentarme en el sillón y alegrarme de un tirón.

En esta ocasión no vaciló en volar el corazón, y ahí estaba el murmullo ochentoso de mi infancia, que aún celebra su relevancia.

Esto de los primeros contactos tienen un gran impacto en el acto. Podés perecer o enceguecer, dejarte convencer o atinar a retroceder, "si no lo entiendes qué puedo hacer".

Y en el pensamiento me detengo, quisiera expresar una verdad pero me contengo. Cada una de estas canciones parecen identificarte, probablemente sus cocciones ayudaron a liberarte.

"Bailando sin salir de casa" es lo que siempre he hecho en estos años donde la aceleración no descansa. En primera conjugación escucho, atiendo, apunto, revuelvo, cada tema es un retrato del viento.

El tiempo pasa muy rápido pero es un arquitecto impecable, deja en cada uno de sus segundos una belleza constante, que intercede ante el umbral de la vida para retener tus canciones preferidas.

En esta estancia sublime acaricié tu bella voz, pilotee un avión, baile de emoción y hasta perdí la razón. La filosofía quedó en hojas enfurecidas y mi atención me condenó a prisión.

Mezclo un mate con este arte, subo el volumen para que la sensación perdure, te escucho y unos granitos acelerados dejan en mi piel un camino extasiado. Para nada fue "una partida perdida", es la expresión de una ternura bendecida.

Silencio

A veces creo que no creo en nada ya (¿ya no creo en nada?). Me alimento con gajos de experiencia amortiguando martillazos que no existen. Por eso nada es nada, y a pesar que un puñado de latidos me desvisten temo pensar que lo de enfocarme ya no existe.

Pinto una letra, y al minuto me castigo escribiendo frases con verbos en tercera persona, los omniscientes de la familia, que sacuden consejos, sin darlos, entre líneas.

Paso a la primera persona (como ahora), y me olvido de vos, esta es la única vez que el amor que siento transita un silencio atroz.

Estoy encerrada, pero me levanto a la madrugada, y me preparo en forma exagerada un licuado de estrategias para no dejar de estar enamorada, porque el amor tiene validez prematura y perpetua, como la entrega de los cuerpos que no se dan tregua.

Me conviene acelerar mis destrezas, dedicarte un poema con firmeza, no ocultar que a veces tiemblo por tanta escritura, porque te tiene a vos en su partitura.

A veces considero oportuno pensar que en la nada practica el todo, con su espuma de redoblante voy buscando una misión para salir a la calle, y desterrar de la primavera este silencio, arquetipo del incendio.

jueves, 10 de noviembre de 2016

¿Sinceridad?

La sinceridad tiene sus excepciones, porque cuando en nosotros quiere refugiarse no tenemos para ella felicitaciones. Bocanadas de humo que se absorben con la brisa marina, susceptibilidades convenientes como una piadosa mentira, energúmenas dificultades que provoca la envidia.

Nos enerva escuchar las verdades cuando la "verdad" es sobre nosotros, pero cuando la tenemos para otro estamos a punta de palabra con un ramo de flores y un chocolate en rama.

Y en este ventarrón que diagnostico, siendo uno de los conejillos de india más representativos, indico que nos creamos sendas historias e ilusiones artísticas para paliar la inanición de la que somos víctimas, queriendo proyectar nuestra propia estupidez o argumentar con frases lo que supuestamente no duele ni castiga, para entregarnos a veces a un supuesto placer ignoto y difuso que nos bendiga.

Es matizar con bienestar ideal artificial lo que que nos arrasa nuestra serenidad, lo que nos quita nuestra liviandad y nuestro castillo espiritual. Y lo negamos, obviamente, porque ser frágiles en este mundo sería absurdo, y opacar la felicidad convertiría nuestra fortaleza en ser dignos de piedad, cuando de eso no hay necesidad, y menos en una sociedad que le huye a la verdad.

¿Eso es libertad?

lunes, 7 de noviembre de 2016

Emociones ultrajantes

Es preciso decir, llorar una lágrima para decidir, subsistir, agonizar del todo, fluir, resistir...

Es atinado parodiar el agujero por donde entra la sinceridad, no decir sería un afano a voluntad, como administrar palabras que han estado encuarteladas en esta deliciosa merienda, pasar factura cuando la tarde está hambrienta de todas esas cosas que tientan, y vos no entiendas que sólo quiere hacerte una ofrenda.

Aunque los preciados cócteles que me han fascinado al atardecer son emociones ultrajantes, distantes, como ver la realidad por delante, que no es egoísta pero si farsante, y no ignorarle que hasta se tapó los oídos del alma para no escucharte.

Esta sensación es como ese real impacto sonoro que te tienta con almohadones de dulzura a cuentagotas, y en ocasiones con sus armas contradictorias te alborota.

Dejemos a las emociones respirar y expresarse en el interior hasta que interceda su resplandor, que es su representante ante el sol, será como hacerlas madurar, para que su luz te pueda atravesar.

Y así como es necesario decir, será menester regocijarse en ese encuentro con las palabras, que estaban guardadas, desavenidas, acongojadas, derivadas a otro jardín donde con ellas se puede ser feliz.

Esas palabras por las imágenes se ven amenazadas, consternadas, recluidas en cajones con llave, sin las alas de un ave, esperando leerse, y con sus uñas perennes subirán por la tangente, amarrándose a su espíritu inconsciente, aferrándose a la vida al verte.

Artilugios matinales para existir

He perdido la noción del tiempo”, pero considero que una vez más es el tiempo que nos pierde a nosotros en nuestra noción humana y mundana.

Poco sabemos del otro, y nuestra primera acción es “adivinar” y pensar tal o cual cosa para administrar nuestro mundo, y el mundo del otro, como nos agrada, a nuestro antojo, como en el elixir burocrático burgués, que todo lo necesita guardado y controlado, acelerado en papeles y sin pinturas de colores en sus paredes.

Así, nos amoldamos estructuradamente a lo que podría ser la verdad, y eso nos deja confortablemente tranquilos. El desconocimiento nos aterra, y preferimos inventarnos un conocimiento del otro sin certezas (pero pensando que sí lo son) para acomodar nuestras desordenadas piezas.

(¿Podemos decir que, después de casi catorce horas seguidas SIN SERVICIO de telefonía e Internet, Puerto Deseado está fuera del mapa mundial?) (Dejamos de mirar canales de México y Venezuela para prestarle atención a señales de España. ¿Qué nos dirá eso de la conquista? Todo esto me pasa por al lado cuando se me aparecen canciones reversionadas interpretadas por Yuri y Mijares)

Éste es de esos momentos de libertad donde el auricular parece mi voz de la verdad, o la voz de mi verdad (y me acomoda la voluntad). Es mi máquina perfecta, mi lago de entrega, mi universo paralelo, esa palabra que llama al oído y lo endulza con claves de caramelo, ese propio desligue de la tierra que me enfrenta a la pasión que me encierra (no hay nada objetivo, toda pulsión de amor ahora tiene sentido).

Y las canciones se asemejan a los secretos desentrañados, esos dispares pasitos que van nadando en el cuerpo hasta dejarlo maniatado. Nada de certezas, todo huele a cereza.

(“Tu eres lo que siempre me faltó”)

Éste es el horizonte virtualizado que se me ofrece ante mi necesidad de encanto y de voces (sitios de paz), que ya ha transitado silencios precoces, y que intenta recapitular mi corazón, que no cesa de volar en un avión (y no recapacita ni se rinde, ni una ni otra cosa, nada de eso, todo aquí y allá, todo en su sal es mar).

(Y en esta retraída ceguera existencial, entre canción y canción, sólo escucho de los demás palabras sueltas, porque en mi mundo estoy envuelta).

También me abraza la melodía, que con su capa mágica me entra por la escucha para propinarme una alegría (porque alegrarme hoy es divino ), y me escribe un pedido de elevación y necesidad de afirmar constantemente lo que no es y quizás no deba ser, pero que parece tan lógico por hacerme estremecer la razón (casi pasa lo mismo cuando pienso en vos).

Son artilugios matinales para existir, porque a pesar de todo es sólo querer vivir.

7 de noviembre, 11 hs.




viernes, 4 de noviembre de 2016

Riñas en las paredes de la escuela

Hoy ya no se enlazan los silencios con las risas, hoy se enfiestan descaradamente los enojos y las paredes. Con una vitalidad acelerada, en su redundancia se acaramelan en los pasillos de la escuela, depositando el contenido de su quejas en las baldozas, a plena luz del día, y en un abrazo arremeten contra sus vientres y se entrecruzan las piernas. Esto de aturdirse con el desprecio y la enajenación de las miradas y los días, sabe a realidad. ¿Quién no ha sucumbido ante la discusión escolar?

Te quiero igual, sí, te quiero igual, en el escondite o a la luz, en el derrumbe de mi propia pregunta o en la constelación que te hace brillar sin igual y sin medida. (Lo que brilla también hace enceguecer a la objetividad). Son verdes las hojas que se mecen suavemente entre los besos de la brisa y es absurda la espera, pero lo absurdo es una reglamentación muy estricta y exigente de la vida, y hay que cumplirla.

Absurdo es el mismo viento que empolva los fracasos, absurda es la ocasión que no se da, absurdo es el complemento circunstancial de lugar que transita por la gramática de la lengua castellana, absurdo es el verbo ilusionar. Absurdo es el obsequio que el corazón le hace al artefacto ventricular, cual beso incierto que pretende llegar. Absurda la misma existencia sin un objetivo particular. Absurdo es temblar.

En la escuela falta preocuparme por el bienestar de todos, porque el estar acá no es sólo estar. El otro existe y es importante para uno. Y eso no está”, se dice por acá. Preocuparse y ocuparse es tan importante, que a veces coincido y me hago cargo de la escasa preocupación por el otro. Pero, ¿cómo empezar? ¿Por qué pequeño detalle podemos comenzar a avanzar y dejarse llevar por la preocupación, en el buen sentido?

A ver...ofuscarse de nada sirve, sin embargo es un sentimiento posible la ofuscación, por algo somos humanos, o la misma ofuscación nos hace ser humanos. Detectar la ternura podría ayudar, vivirla, olerla, refrescarse en sus aguas, desesperar por su llegada, si, pero, ¿para qué? Completamente aturdida de idas y vueltas está mi alma. Y a pesar de todo vivo, es como que ese mismo aturdimiento es lo que nos da vida para seguir reflexionando, ya que la falta de problemas sería una perfección exacerbada e imposible. Pues si radicamos nuestros menesteres diarios en esa imperfección, siempre hay algo que mejorar, y eso es bueno.

La tenia de la desilusión se ha instalado en mi alma. Pero descartaré por ahora sus impulsos con vinagre y lecturas, con humos protectores y desaceleradores nocturnos, obligaré a la palabra a instalarse crudamente como realidad penetrante en mi ser, dejaré al alma objetiva, picante y con las cubiertas bien infladas. Al menos por un pequeño espacio de tiempo, porque es necesario seguir.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¡Ay, el amor!

Entre la escasa decodificación de mensajes, las barreras silenciosas de la escucha y los programas de campo y pesca (presentaciones y entrevistas) en los que aparecí por los treinta años de Vía Patagónica (especial emitido en el canal local) me he reído tanto que hasta olvidé que los lunes sacuden al puntiagudo ocaso y elaboran delirantes fogonazos.

Si la búsqueda fuera una herradura, desgastada estaría, como un secreto que pretende acaramelar un oído (dorarlo, pronunciar sus ondulaciones), identificar unos labios en el beso, asegurar el regazo de un alma, introducir la madurez en la atención, salvar al corazón de su extinción.

Al camino lo transito como buscando llegar a desintegrar la resistencia, afelpar un encuentro (ya que la moda avisa que se usa el terciopelo) e insignificar los obstáculos que va poniendo el viento...Me tiento, de raíces me alimento, despierta me siento, enseñando en el terreno mi veneno. No es un camino común, tiene una tranquera para despistar, es la que me invento, para parecer una guerrera en un refugio de cristal.

Se escuchan los extremos como pigmentos desvelados, risas y silencios se acarician como fugaces enamorados, se tientan uno al otro extasiados, se abrazan sacrificando lo que han olvidado para recordar que se han apasionado, practican los besos en exceso, esconden su pasión de la gente para conservar la belleza que los enciende.

¡Es tan bello el amor!, aunque no sirva para nada en ocasiones, aunque se haya reducido y aunque sea (sólo sea) en esos extremos seducido. Tan precioso es que ahuyenta de los mares los derrames de dolor, que presenta en una página la belleza de su canto y se apacigua locamente con la tibieza de su manto. ¡Ay, el amor! ¡A ver si alguien puede con su estupor!

(Entre lunes y miércoles, como esos extremos seductores)

Tengo que poder

Tengo que poder, poder, poder hacer las cosas a un lado, aceptar e indagar sin cuestionar, tener un poder, ceder, verter el contenido de mi incomprensión y poca aceptación de la situación para acertar en la disolución de la improbable erudición sin convicción. Tengo que poder, tener un poder, poder ceder ante mi y su yo de ilusión, que está en negación de la situación que no es como se presentó ni como se imaginó. Tener el poder de acertar y aceptar la verdad que no es más que lo ajeno a mi vitalidad sin peculiaridad de la inequidad que me ve desertar sin pensar ni reflexionar y sólo amar lo que no está. Tengo que poder, poder, ceder, perecer en el ser, aceptar recalcular sin vacilar ni inclinar mi malestar, descomponer el poder de intentar entretener y saber que perder puede suceder. De vez en cuando recapacito sobre mi estupidez y mi escaso poder para negociar con mi ingenuidad, porque de verdad es una necesidad el actuar sin buscar preludiar mi integridad para cambiar lo que inicialmente me puse a pensar, lo que perseverantemente me llevó a caminar porque debo estar oliendo cosas que no están. Soy la ilusa que como una medusa ataca su propia metáfora inconclusa de lo que debía ser pero no fue, porque el tender continentes de un saber en el propio ser no significa pertenecer a lo que es. Tengo que poder recoger mi ser y practicar madurez en la insensatez que tan frecuentemente me ha llevado al revés, porque en mí el revés no existe, tal vez sí en otro ser que se atreve a reconocer que de ilusiones no se vive ni se puede beber.

martes, 1 de noviembre de 2016

No puedo ser tan evidente

Cómo será una vida sin vos, como una criatura amarillenta, una especie amorfa, como el monstruo de Mary Shelley, que vivió una vida cruenta. Ni siquiera puedo imaginar un tiempo sin esa punzante electricidad abdominal, sin ese impacto sediento al despertar.

Un pilar del mundo sin tu cuerpo, un camino sin tus ojos, un plan nutricional más estricto de amor, una barricada de dolor, una patada al vientre del desencuentro, vitalidad sin alegría,  ¡qué espacio tan de nada y sin todo sería!

Ni las cremas multiplican tanta suavidad, y celosas de sus beneficios las luces pretenden opacar tu ser, como si fuera posible incinerar al mismo sol al amanecer.

Los pájaros se relamen en el vientre de la laguna, infectándose del aliento de la luna. Mirarte afecta la perfección del arte, pensarte me hace ilusionarme con tocarte, e ir a buscarte, tan sólo amarte, y adorarte, y venerarte, sin sofocarte.

El retrato fantasmal de tu aspecto y su vendaval me hacen pensar en la imposibilidad de lo fecundo, en caso que no habitaras este mundo, aunque alterada por el espectáculo de la calle Corrientes me contento festejando los abrazos infrecuentes.

(No puedo ser tan evidente,
no es bueno para la gente
pretender ser tan indecente.
Por ahí para otro es más fácil
decir directamente lo que siente).

La transgresión de tu ser es un deber del que a mi me gusta beber, pero me tengo que contener sobre una hoja de papel.