miércoles, 8 de octubre de 2008

Toronto dreams...

Toronto…

Los dedos circundan la cafetería y sus olores. Aromas lácticos y fuertes, la esfinge del dolor en los rostros, la indiferencia. El rastro del desaliento y el hedor de los dedos ásperos. Ruego oler de nuevo la libertad, porque no hay quejas sobre el atardecer y sus circunstancias. No hay otro Dionisios, no hay un Miguel Angel que esculpa mejor esta tarde que los apurados detractores del olvido a través de la fría ventana.

Afuera el frío es congénito, la plaga se eleva y se esfuma. Hay un ruego, hay miradas que van y vienen entre redes y computadoras, hay libros quietos y libertades enjauladas. De nuevo el olor del French vainilla, de nuevo el fuerte aroma del arábigo, y surgen las miradas, ninguna se cruza, ninguna obliga a la respuesta, pero me gusta obnubilarme con esta quietud, es el futuro y el pasado acumulados, es la llaga quebrada y los ojos urgidos por recabar información por todos lados.

Toronto es hielo pero es silencio, y el silencio no aturde entre las sillas mecedoras y los árboles floridos. Me desespera fomentar el desencuentro, pero entre las estancias extensas y las miradas que bajan está el ardor de la búsqueda, y buscarte entre la indiferencia hace que la fluidez genere una especia fuerte e intensa en el alma.

Te espero, espero encontrarte y abrazarte, arroparte, desahuciarte, porque el encuentro nos construirá de nuevo…la construcción nos robará el beso, la vida, el silencio.