martes, 31 de julio de 2007

Después de la charla...

Es el cuero del espacio, nos separan infinidad de puntos, está desnudo el silencio. Fluyen las voces, los ruidos de motos atormentan la lumbre entre la alfombra y la ventana, pero nada dicen, nada expresan, todo tiembla y da miedo cuando se quiere realmente decir, hablar, expresar, esgrimir, deshidratar la mirada, opacar el anonimato, fluir la hipotermia del viento y cancelar el distanciamiento...Todo se ata al mutismo, solitario espacio entrometido entre miradas...

Me preguntaba cuándo dejamos de dirigir palabras, o cuándo dejamos de confiar, o cuándo no confiamos nunca. Me preguntaba sobre el negro silencio que no canta, que no envuelve las vidas entrenándolas para unirse y despojarse de la nada. Me preguntaba dónde queda la ecuación que unía un tono a una nota, una fragancia a un perfume, un olfato a una comida, una hecatombe a la paz. Me preguntaba por el momento en que coordinan los deportes y las letras, por aquel anochecer encadenado al sol, me preguntaba dónde quedan los diálogos que alguna vez crearon el mundo, aunque sólo fuera un perfecto y tangible segundo.

Hablar es sereno, consiste en escuchar y repeler el silencio, necesita del parlotear y del hacer caso al oído y su inquieta necesidad, hablar es hacerle caso al alma escucha.

Me preguntaba dónde ocurre el olvido que tanto olvida por olvidar y ser olvidado. Me preguntaba por qué tanto desgano al hacer congruentes las frases. Me preguntaba a quién el vertigo le confía sus latidos.

La distancia repugna. Hay escasez de dulces sueños. Los pájaros se olvidaron de acampar y mojar sus alas en la ventana cuando llueve. Aquella luz espera el fuego...aguarda el fuego.

jueves, 26 de julio de 2007

Sentada...El frío afuera..Surge la necesidad de preguntarnos por el poeta, o por el filósofo que no se atreve a mostrar el suicidio de sus letras. Me ataca ese deseo de perpetuar la palabra donde se la mire, no donde se la vea. Porque ver una letra, redondearla con los ojos, no es mirarla, ni mucho menos leerla.

No quiero ser prepotente, uno ya lo es en su escritura, pensando que es la mejor, porque la de otros claudica donde la nuestra comienza. Pero no, me preguntaba por el análisis de un párrafo, por la evaluación de una nota de opinión, o simplemente un noticiar la realidad envuelta en redes intrascendentes. Trelew tiene mucho de casilla y trampa. Uno se eleva, y al instante siente la piedra.

Obsesión no es la palabra, más bien deseo y perplejidad. No ser mejor ni peor, pero ser diferente nos aleja. La multitud es ser parte, y la soledad es salirse de las partes. Ser como se quiere, eso en mi virtud es ser, aunque la masa nos espese el pensamiento, aunque la masificación intente comerse los gajos del siendo...

Caminando sus calles, una vez más me hablaron del plagio. El plagio es un robo, pero más allá del hurto es la mera necesidad de salirse del anonimato a costa de otros, porque ser nada es no ser. Mejor ser plagiando que no ser. Ese es el pensamiento al que creo me enfrento. Los plagiarios fluyen, fluye su inseguridad de escritura y vértigo, pero también fluye esta inseguridad mía, que me hace creer chiquita y no mostrar ni rellenar el aire de palabras, aunque sean incongruentes con lo que canto y expreso actuando.

Estoy escribiendo. Pero, ¿cómo mostrar si no insistimos en comunicar, cómo hacernos ver si somos dignos de la invisibilidad?. Ser invisible es igualmente ser, ser es algo, es ser, pero podemos ser visibles y hacer que cabalguen los jinetes, más allá que no me conforme lo que escribo, o a otros, o a miles, existe la posibilidad de dar, y recordemos que el hombre es posibilidad, permanente y constante, caminante y fluctuante, que toca el aire para elevarse y volar, aunque tropiece, vuela...

Le guste a quien le guste, o al que no, seamos, escapemos un poco a la tilde de la crítica, volvamos a expresar.

lunes, 23 de julio de 2007

Especialmente...

Un comienzo, luego de hojas que se van secando y palidecen con la agonía del frío, puede resultar sofocante. No saber, respetar las reglas del tiempo, detenerse para pensar una vez más cada paso, eriza mis pies, el trayecto se desliza en la tragedia, cubre sus ansias con preguntas.

Transpiraré vasijas y seguiré construyendo, que más nos queda, detenerse es comerse el aire.

De aquí en más, todo es apretarse bien fuerte la bufanda y descansar sin quedar...