miércoles, 17 de abril de 2013

Los hombres que hablaban de las mujeres. Las mujeres que hablaban de los dos.




Hombres que hablan de mujeres como lagartos y carne podrida a disfrutar en sus mandíbulas serenas. Mujeres que hablan de mujeres y hombres como animales avivados y feroces de tregua lenta y paso acomodado. Me sé todas esas charlas, malas palabras y engendros de frases coaccionadas por su ceguera, secundadas por sus ansias de poder en el vocablo anglical de sus costumbres mórbidas. Es que el poder de la palabra y de la charlatanería reemplaza el poder verdadero del ser que no tienen ni tendrán.


Se encarnan las uñas con sus insensateces. Parecen la parición de lo que no se tiene ni se puede comprar. Adulan delante de unos y denostan delante de otros. Un libre albedrío del parlanchín que no puede pero quiere. Acicalado en sus modales, panificado en su hambre pero insaciable en su sed, admite los comentarios ante un montón y niega los eufemismos ante el glotón, que afanado por escuchar también comenta y asiente para pertenecer el clérigo del poder. ¡Admitan miseria en sus lenguas viperinas, porque son miseria en sus vidas mendigas!

viernes, 25 de enero de 2013

Tesis sobre el abuso de un celular

Tecleo insesante que chisporrotea en su estigma sobre la firmeza de un amor. Cubre de silencio la palabra, y en el absorto momento cae una aguja y los de al lado susurran.

¿Será tu conciencia avisándote a tiempo?

No hay cadencia para este baile. Hay un ataud que se relame ante el cesto pleno de mensajes. Revierto lo dicho. Sobre el cesto de tu relacional apogeo de charlas por mensajero.

Aun no confirmo si he perdido el gusto por la cocina de frases o si ya no puedo ser una cocinera de poesía. Porque tengo atrofiado el cerebelo de mi motor de búsqueda de detalles o tengo perdido el legítimo motor de la sensibilidad sobre las creaciones del mundo.

¡Oh! He perdido la herramienta de la escritura y aun hoy es cuando las escribo con este escalofriante instrumento de percusión de mentes.

¿Repercutirá este artilugio en mi futuro?

¡Oh! He propiciado la severa enfermedad de mi poesía por el abuso del celular. ¡Y aun las teclas dejan la sangre que he derramado con mis recuerdos! ¡Y este ruidito perverso se persignó ante mi pérdida!