jueves, 5 de noviembre de 2009

La clasificación del ser


Conozco más a la gente que a mí, es una ecuación clásica de indisciplina constante. Con los vientos surgen las sirenas volátiles que van de un lado al otro riendo, pero mintiendo.

Los rulos de la tarde intensa y descocada son una onomatopeya de los olores mundanos que transpiran los árboles y las gentes. Ser como ser, ser es ser, debe uno ser, pretender ser, volver a ser y olvidarte de ser, que los demás sean como uno y uno sea como los demás, clasificación y convivencia, piedad y clarividencia, terreno tirano y solemne, descargar en el otro nuestras propias y quebradas enmiendas, que el otro huela a nuestras palabras tirando de la soga retrógrada de la cristalización de nuestros propios errores...

Ver es prever, divulgar, lacerar, nombrar al otro entre los otros, etiquetar, opacar al ser entre dientes y muecas congeladas, volver a parlar en los oídos ajenos los males que el otro tiene porque son nuestros, quejar, pasear las achuras por el sendero del gentío, ubicarlas, matar, intimidar, calcinar una buena intención, verla como confusa, como dudosa manifestación de aquello que llaman interés.

Mirar, siempre mirar, ¿que tendrá, que tengo, que sentirá, qué siento? ¿Por qué habla, por qué piensa, por qué escupe, por qué miente, por qué oculta, por qué grita, por qué tiembla, por qué se pasa las palabras por el alma y las saca de la frente? ¿Por qué de nubes se rodea si los rayos sienten ganas de arrastrarlo en sus cadenas? ¿Por qué una ovípara palabra cuando la desnudez de la ignorancia te afecta la memoria? 

Muestro mis manos, unos tiznes cruzados y unas rayas que llegan hasta el final, pero no muestro mis escritos pensamientos, eso duele. ¡Cómo enlatar una esperanza si el deseo del término es más fuerte! Ups, demasiada humanidad entre nosotros…