domingo, 29 de abril de 2018

Tormenta

Las tormentas también pasan, menos el negro profundo de tus ojos, ése se profundiza, se va enervando dentro de las nubes eternas, se van haciendo "uno con el humo", y mientras las mentiras escupidas van redoblando apuestas en mi paciencia, yo tengo tu verdad, que es un dedo de la indiferencia, pero hasta eso me parece certero en un mundo de animales rastreros.

Esta tormenta me aprieta la ilusión, le va adorando sus bucles, y hasta entibia lo que antes era fuego decidido a quemarme y a no perdonarme. ¡Tengo tanto que agradecerte! Cada bajeza, y mis impurezas, soy tan impura que hasta creo que eso me hace más madura, y tengo esta sensación centelleante que aún me dura en el corazón, ¡aún me dura!

¿Llorar? No, eso dejáselo a la tormenta o a mi otro yo, que aún va descalzo cuando todos se saben la canción, menos yo, que sólo prefiero oír tu voz, porque hasta las piedras que sostienen al mundo tiemblan cuando aparecés vos, y cuando endiosás el aire para que se vaya el dolor.

Pensé en olvidarme (aún lo pienso), pero es muy difícil practicar tal deseo, es como querer idiotizar a Einstein, o abandonar la sabiduría de Sócrates, o no erizarte cuando escuchás "Valerie", imposible arreglar lo que no quiere ser arreglado, cuando por dentro todo quiere estar tan sólo un poquito a tu lado, o acariciar tu mano, donde otros pretenden tener lo más codiciado, y yo sólo acceder a la luz de tus faros.

Las tormentas también pasan en Buenos Aires, no sé si en mi interior, porque en mi corazón pasa de largo la tarde, pero la noche me necesita para su personal satisfacción. Escucho música, veo las luces, los truenos se embotan, y estás vos, como un ajuste de cuentas cuando aún no termina la anterior estación, y como una temperatura persistente, siempre vos.

29 de abril de 2018

martes, 24 de abril de 2018

Días de abril

Caramba, al final el amor parece ser algo más hermoso que el amor mismo, tiene otro color cada vez que vuelve del abismo, porque no tiene patrón, todo en él es distinto, rico, no tiene forma ni cinismo, no renuncia ni persiste porque parece estar en todas las cosas, cada vez que en el mundo la desconfianza sobra, aunque no sea visible entre las sombras.

Si sentís que tu corazón late por alguien, aunque concretes todo lo otro que se te cante, siempre existirá esa sensación de haberte quedado aparte. Es inentendible lo que parece a simple vista posible, coincidir, que la casualidad se repita con continuidad, que las cosas que sentís por dentro perduren, aunque nunca sepas por qué las seguís sintiendo, ¡eso es tan de querer seguir viviendo!

No es necesario tocarlo ni admirarlo, conque viva, el amor es suficiente para entender por qué lo sentimos aunque no demos ni un solo paso. ¿Y si no fuera egoísta? ¿Y si mirara siempre más allá de su propio faro? ¡Todo estaría tan claro!

Cada rayo que ilumina el mar lo llenaría hasta el hartazgo, no necesitaría consumarse, con prender una vela nunca se haría tarde, ni temprano, ni se preguntaría por qué está tan solo, y no trataría de entender por qué sigue adelante. Ese sentir es un completo embudo irrealizable en lo material, pero apetecido por una enormidad. Entonces, ¿por qué sigue adelante?

Él no se lo preguntaría tantas veces, de nada servirían las insensateces, todo el mundo buscaría respuestas y el sólo necesitaría mirar abajo de tus cejas, vaya responsabilidad, la de adornar el planeta con tamaña preciocidad.

La vida hermosa que tenías dentro me alcanzó, y en el horizonte apareció, pero estamos en la encrucijada del tiempo, con gustos distintos y desparejos, en otros terrenos, la meseta y la montaña unidas sólo son un reflejo. Los luchadores no se quedan en sillones y los pensadores no enloquecen con los aviones, porque una y otra vez dudo, dudo una y otra vez, todo el tiempo (¡todo el tiempo!), y aunque sabía que tu ser se movía dentro mío, una necesita sentir cómo se mueve en el aire, y sentir tu aire, el aire, ese aire, tan aire, aunque estuviera desatento, pero no puedo, lo intento y no puedo, es luchar con lo que nunca tuvo arreglo.

Si el amor parece ser más hermoso que el mismo amor, entonces pues, me conformo con este invento, es la única forma que encuentro.

Abril de 2018.

jueves, 12 de abril de 2018

Cuando sonreís

Cuando sonreís se ilumina el mundo y me creo cualquier cosa, cualquier cosa, hasta que una nube puede aportarle energía a una tierra porosa. ¡Mirá qué cosa!

Por eso es mejor no mirarte, ni mirar tu sonrisa, es una forma de protegerme y refugiarme debajo de un alambre, como si fuera posible, es que yo me creo cualquier cosa, desde tu sonrisa piadosa hasta que un estómago sin hambre pueda devorarse a una diosa.

Cuando sonreís no pasa un ángel, ¡pasan mil! Y me creo que hasta puedo escaparme de aquí y vivir, ¡vivir por fin! Pero se me hace un nudo en los cartílagos, y la realidad vuelvo a sentir, percibir, escribir, como quien va dibujando cada minuto de su vida sin ver el tiempo transcurrir, y se me hace peligroso creer, ¡qué le voy a hacer!

Cuando sonreís una mesa ratona se convierte en la almohada que le da luz a mi sombra, y me creo que hasta por el patio tu figura se asoma. Por eso es mejor no verte sonreír, ¡porque me creo que hasta por una cava de vinos se me aparece tu nariz! ¡Cada cosa sale de mí! Y como lo último que me queda es creer, es mejor no verte aparecer, no vaya a ser cosa que me lo vuelva a creer.

Cuando sonreís me dan ganas de existir, no sé si de vivir, pasar por el mundo habiendo soñado, aunque sea un rato, es más de lo que pude haberme imaginado. Y puedo creerme cualquier cosa, ¡cualquier cosa!, hasta que tu flor favorita es la rosa o que la libertad es una cuestión cumplible en medio de tanta derrota. Por eso es mejor no arrepentirme de haberte visto, pero me arrepiento, y lo siento, porque, ¿cómo eliminar este dolor que llevo dentro?

Pero cuando sonreís, creo, y no debo creer, pero creo, ¿quién soy yo para no creer este argumento?

Ayer y hoy, hoy y ayer, 12 de abril de 2018.

Bajando por la calle Belgrano...

Bajando por la calle Belgrano en una noche ventosa y con la música que me acompañaba, bajé suavemente la mirada, como quien mira de compromiso para no chocarse con nadie, y la vi. ¿Y si fuera ella? Y me percibí como James Blunt en el subte viendo por primera y única vez a ese amor que no podría ser, ese terror de sentir por una vez lo que escapa a tu control y te obliga a detener.

Pero luego te ponés a pensar en los NO, en tus vestidos, en tus posibles apariencias para el otro, en tu descuido, aquello que mostrás para conformarte a vos y al otro como un capricho. ¿Y qué si iba harapienta? ¿A quién le debo agradecer por mi apariencia?

Puro vestido, que te arropa el cuerpo pero no el alma, que te hace seducir pero te deja las venas encerradas, y vas sintiendo el castigo que te has comido por ser tan autosuficiente, y por haberte dormido.

Mendigás sin decir, apartás sin aludir, desconfiás sin reprimir, pero todo igual pasa y no hay nada más que discutir, sólo nos queda lo que podemos vivir, y lo que no se toma un mate con la pregunta en una tumba, donde en secreto renuncia, a lo que alguna vez el alma deseó con toda su furia.

¿Una renuncia se anuncia, o va obligando al desprecio a besarle el cuello al silencio?

Algún día del año pasado y hoy.

domingo, 1 de abril de 2018

"Pero siempre volveré a buscarte"

No sé por qué en ese lugar recóndito de mi corazón habita una flor (¿qué es lo que me lleva a no querer ceder?). Conozco sus pétalos y no veo su polen, veo su color pero no siento su aroma. En medio de las escalinatas que se erigen a su alrededor siento la dureza de las piedras, y aunque ellas triunfan con su fuerza, una y otra vez recuerdo las raíces, como pecando de imbecilidad y tesón, porfiando y dando vueltas por el cielo como un avión, por más que parezca que todo está dicho ya en derredor.

Después se me aparece la idea de que no puede ser, cuando ya todo se ve hay algo oculto que en cualquier momento va a saborear su madurez, y vuelvo al principio, y te siento otra vez.

Una vez pensé que el sueño podría ser cierto, pero la realidad se disgustó y le puso los lazos al rebaño suelto. Y las ovejas se rindieron, y en mi inocencia se durmieron.

A veces quiero y a veces no, pero te veo y ya no sé cómo evacuar la obsecuencia inoportuna de mi corazón. Ya lo sabés, esto ocurre alguna vez, alguna vez, cuando me vuelvo a perder, cuando no me encuentro, cuando se me ablanda el saber, y se me llena de dulce de leche el deber, y vos lo sabés, lo sabés.

Vamos, que la pileta tiene el agua clarita, pero en el fondo el verdín resucita, y vuelvo a mis pagos, donde todo está dado y nada está domado. ¿Ves? La realidad es un retén armado, adornado, pero estructurado, y parece que las voluntades se ven atravesadas por las extremidades, los centros balbucean y el amor babea, no sé si vamos para atrás o para adelante, no sé si nos quedamos o nos vamos, no sé si nos cansamos o al otro lo apedreamos, ¡hay tanto que aprender! Pero te amo.

01 de abril de 2018