sábado, 23 de septiembre de 2017

Borrachera de rutina

Los sueños están en ropa interior,
emergen de los zoquetes
que apestan a pasión,
que suenan en una y otra voz,
y en el cuello de su vertiginoso andar
rumian las gotas del sacrificio
de la honestidad.

La polera los expulsa,
el sostén los enreda,
van gimiendo con Dionosio
una canción en la vereda,
veo las plantas a través de la ventana
y todo se desintegra.

Es difícil suspirar
y que esa persona por la que suspirás
nunca te escuche,
el corazón parece engomado
y va pidiendo pasar
hacia otro lado,
delante parece que lo han lastimado.

Me gusta que sonrías,
me gusta que te manifiestes,
aunque ni el perejil de la huerta se entere,
y así como en el mundo se manifiesta el sol,
que es plagio de tu corazón,
así me gusta pensar en vos.

Me gusta también no pensar en vos,
pero cuando me acuerdo que no pensé
todo comienza a dejar de ser.

Si a la pelota no le das de taco,
todo lo que intente parecerá en vano,
y sin embargo esta porfiada
sigue estando obnubilada.

Al mirar te podés cegar,
y el viento que volvió una mañana
habrá arrastrado en su infierno a las ganas,
pero siempre habrá un intento nuevo
que haga lo que le venga en gana,
caminar en una pierna,
rascarse la cabeza,
andar con dolores
pero no dejarse vencer
ni aunque me ignores.

Es el cambio que se avecina,
la estepa que me contamina,
tu ser que me ilumina,
hasta los fantasmas parecen besarse
por esta esquina.
Nada en borrachera la rutina.

23 de septiembre de 2017

viernes, 15 de septiembre de 2017

Uno no puede rellenar el tiempo...

Uno no puede rellenar el tiempo con personas como si fueran muebles, o como si bailaran en tu frente las picaduras de insectos, necesarias para andar por la vida bien derecho.

Que la impaciencia no exacerbe nuestras lágrimas, que el fuego no vierta en el viento los estragos del delito del tiempo.

El cansancio es un animal perenne que se tapa con plumas y a sus amigos desayuna, no es sólo que se los fuma, es que entre el queso crema y la mermelada va untando los restos de sus madrugadas.

Te besé tanto, tanto, que es mentira, en el aire iba hipnotizando a las alegrías, pero cuando una quiere estirarlas como chicles parece que así se nos fuera la vida, y no aprovechamos las miradas que nos convidan.

La garganta se aprieta, absorbe las penas, e intentamos andar a tientas como si sólo tuviéramos una fiesta, pero el bochinche de escucharte me llena el vientre de arte, se van generando gusanos, que luego aletean como gladiadores espartanos, y la mitad de mi vida se queda quieta para poder pensarte cada día.

Uno no puede rellenar el tiempo con amores como si fueran muebles, no, cuando sentís la magia vas atravesando un brillo que te estremece, no hay sensación más cualificada que enamorarse cuando todo perece, porque todo se mece entre pelos de gato, pero vos te quedás obnubilada por un largo rato, y con el tiempo finalmente hacés un trato, no te vas hasta que no lo hayas intentado tanto que la partida sea de la muerte un camino ignorado.

15 de septiembre de 2017

jueves, 14 de septiembre de 2017

Feliz en el lodo

No sé si va a haber algún día que no estés, ni quiero tampoco, aunque permanezca viviendo con el corazón roto. Porque, ¿quién hace las perforaciones?¿Quién se crea las ilusiones? ¿Quién es el que se anima a enredarse con las explosiones?

Crujen las figuras, sacra es la estatura, querés llegar más alto y sólo atinás a caminar por un rato. Todo esto pasa cuando te contemplo en cuadros, o en los rastros que vas dejando por el camino en el que me relajo.

Soy una privilegiada, llegar hasta la madrugada en tus ojos enredada...y la noche va cediendo el paso a las estrellas que contemplan las energías del corazón, que tiembla.

Me acuerdo de "con ese color se ve más blanca", y yo quisiera ser como me dé la gana, pero los obsequios tienen recambio y muchas veces hay que alabar a los vándalos.

Entre la sumisión a la noche y la cama que me espera con sus dotes, yo me voy poniendo en tus ojos. ¡Tremenda sensación en el lodo!

13 de septiembre de 2017

sábado, 9 de septiembre de 2017

Escapada al puerto

Te juro que me tiembla el corazón, podría personificar a una hoja que pierde la razón, pero apenas es un habitáculo que resiste al frío en un mundo simpático, nada más que eso, una esfinge solitaria en Roma que por tu existencia se alborota.

El sol personifica pirámides a través de la ventana, yo tengo el espíritu luchador como una espada, y luego de un rato de desprecio carnal tu pelo se convierte en el horizonte de esta madrugada. ¿Sabrán que existís las hadas?

En el camino voy mojando el corazón, su lápida me tienta, pero hago de cuenta que vos me das el beso y todo se contenta, hasta la playa siniestra se hace un lugarcito para sacudir mi entereza.

Sábado, y Deseado saca a pasear el escobillón en medio del ventarrón, huele a cambio en este mediodía noctámbulo, de colores está hecho el mundo y el asombro se ha quedado mudo.

Tengo el puerto en la nariz y tu voz se me aparece como un desliz. La razón tiene sus pausas, y yo te tengo adentro aunque lo razonable me clave sus garras.

Es un pecado querer, pero me hace renacer, retener el poder, ser, ascender y volver a caer, nada como ver el alma arder, saliéndose del manto del agua como un pez.

En esta escapada al puerto te pienso, una y otra vez como pensamientos lamiendo la mañana y los besos, te pienso, desglosar el primer momento y ver este último tiempo (que es un gran tiempo), te pienso, como dudar que aunque las huellas tengan la consistencia que puede haber en la arena seca, te pienso, y aunque se me alborote la vida, derrotada por una explosión matutina, te pienso, te tengo aunque no te tengo, y te pienso.

09 de septiembre de 2017.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Más de la una de la tarde



No quiero escaparme, en este mundo confortable me siento cómoda. Aunque poco apreciable, siempre conviene ser distante cuando sos presa de los contrastes. La piel de Dionisio me tienta tanto como el aroma de tu cuello, carbonizado por el sol, atentando de erudición en la partida de esta sofocante estación (que sale a pasear en las cuatro ruedas de un auto de colección). 
El mundo de las palabras no se termina, ¿cómo terminar con la indecencia que me contamina? Abro la puerta del patio y siento un olor a pollo al horno que me suplica cerrar las paredes de los quehaceres y lanzarme a la caminata que más me tiente, esa que se pronuncia en tu piel, esa que ejerce en mí un compungido bien (“requete” bien), pero la imaginación es apenas un placer, y no es tan desquiciable como poderte ver. 
Lucy trató de posarse en el camino de unos pájaros que pararon sus orejas ante esta canción que suena ahora, pero nada la distrae, como a mi nada me aparta de tu silencio atroz que atraviesa mis pesares. 
Donde comienza mi omnipotencia termina tu paciencia, todo es un desglosar sentimientos de indiferencia aplastados por la incoherencia (¡voy a terminar mi tarde comiendo unos sorrentinos que ha hecho mi madre!), y donde la laguna me muestre el contenido de mi alma quisiera que te me unas en calma, pero no se le puede pedir suavidad a la solemnidad, ¡todo es tan confuso que hasta prefiero leer a Confucio y no a los dramaturgos! 
En este mundo donde al amor abunda poco, como desearía que te me pegues “un toco” (como dicen los chicos en la escuela), y deslizar nuestras piernas en la acera, total los paseos son de todos, y más para el amor, que lo pueden hacer hasta unos portones sonoros. 
Desmembrar la lucidez, arrancar la peste de la locura, sostener la ilusión de las venas y amarnos como enredaderas, ¡entre los brazos de una bañera! 
Más de la una de la tarde, momento ideal para seguir soñando que los cristianos y los musulmanes hacen las paces.

03 de septiembre de 2017