viernes, 30 de septiembre de 2016

Último día de septiembre

El mes que da comienzo
a la primavera
se termina
con tu presencia
en mi vida entera.
Sueño con tus ojos
que son mi antojo
derrumbando esta indecisión
que podría sucumbir
ante la pasión.
El fuego interno
de esta alteración
me moviliza
la inspiración
que no hace más que pensar
en poderte conquistar.
Tiembla mi corazón
sintiendo esta posesión,
¡qué erudición,
devoción,
juego en la prisión
de mi emoción!
Es tan delicioso
hacer con las palabras
mi propio calabozo,
que encerrada en tu cuerpo
insistiría en tocarte
hasta el fin de los tiempos.
Sin hasta en estas nubes
he comenzado a desear
lo que nunca tuve,
¿cómo no voy a pensar
que entre tus brazos
me podría extasiar?
El último día de septiembre
me trae unas mariposas adentro
que hacen que te piense,
y me incita desear tu piel
que atraviesa mis pensamientos
como a una tostada la miel.

("El olor a café me atrae,
me lleva de las narices",
acercaré la taza
para borrar mis cicatrices).
 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

¿Y cómo lo digo?

Este aroma de la mañana me doma el corazón, y hasta me acomoda la necesidad en un espacio ventilado. Huele a café misterioso, a diagnóstico estrepitoso de felicidad y latido flotante del aire.

Que si lo tengo un poco dormido, que si lo acurruco a tu nombre, que si lo altero y lo saco del frigorífico, que si lo entrego a vos como un caramelo desenvuelto, es todo tuyo, ya hacés de él lo que querés...

(Estos mates están supremos, si hasta degustar un sorbo de este tiempo incita al alma a vibrar y desarmar sus cadenas).

Mañana es jueves, y este miércoles ha comenzado con una intensidad fuera del rincón ordinario. Pensar en vos es una constante mundana y magnánima, son esos shots de felicidad suprema y acelerada, que son del espacio y no del cielo.

(Quedan doce semanas para las vacaciones, dicen por acá. ¡Qué insistentes con esa frase! Es como vivir esperando que cada día se termine, sin disfrutar cada pasito).

Que no me importe nada, que a pesar del desconocimiento tenga ganas de conocer y de no rendirme, de insistir y de no deprimirme, de poder y de no cansarme, de jugar y disfrutarlo, de insolarme con tu luz y de no quejarme.

Porque convengamos que para dejar de buscar las cosas imposibles sólo está el pedregullo de la estepa. Si hasta las matas secas y descoloridas de la Patagonia están floreciendo en estos tiempos, ¿por qué no he de soñar con vos? Busca que encontrarás.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Dulzura primaveral

Quisiera permitirme un momento para observar la miel. E incluso, degustarla.

Dulzura. Dulces sueños y sabores. Pienso en la laboriosa tarea de las abejas y en nuestro desperdicio.

Hago por vos un despilfarro de dulzura. Endulzarte el alma de a poco sería mi objetivo, sacudirte las endorfinas y las moléculas con un dulce especial, con un preparado alquímico. Quiero preguntarle al azúcar si me presta sus partículas, y luego dejar tu corazón áspero con esa blancura.

Después me gustaría saborearte entre caramelos y chocolates, también entre gomitas de colores, y deslizarte una trampa no engañosa, que te guste la incógnita de mis caricias, enlazándolas en tu cuerpo y que te sepan a delicias.

La miel sabe a vos, porque tiene una ternura consistente, ¡qué codicia! Es un sabor que me deja perpleja, y que me hace vivir extasiada, entre texturas saborizadas de turrones y pinitos de eucalipto.

Dejemos el sabor y pasemos al olor.

Percibo que vivo dentro de un cubo que huele a vos. Hay notas y pistas. Recitan poemas los pétalos del membrillo y los brazos de las rosas. Las velas de frutilla despiden tus deseos, y los concreto en el hedor de una noche estrellada.

Pasan las lavandas, saludan con su especie de melodía violeta. No aburren porque se sacuden sus ignorancias con besos envueltos al sol, y esos labios sí que me tientan.

Es ese aroma de lo oculto y de la sorpresa, porque cuando menos una se lo espera, todo sucede. Hasta parece mejor vivir así, como loca por vos, pero "loca con rumbo", sintiendo un amor fecundo.

martes, 20 de septiembre de 2016

No podés darle la espalda al amor

"No importa el precio, no puedes darle la espalda al amor".

Si no emergieran de mí suspiros que me acercaran más a vos en la mañana, una respiración deteriorada por la aceleración contínua, una temporal pero acertada falta de cordura diaria por pensarte, ¿qué sería del amor? ¿Qué sería de estas porosas y esponjosas palabras, a las que nada le importan las demás palabras, ni las lecturas light, si vos no las incitaras saludable y suavemente?

No sólo opino que este amor sin sentido tiene más sentido que los bailes de las ramas, erigidas ante la radiación de un viento insoportable, sino que también creo posible que el amor de la amistad, de la familia y de la fraternidad producen a diario la instalación de un software necesario para respirar. Y aunque en soledad me sienta cada día, ser solitaria no es más que la textura para crecer desesperadamente entre equivocaciones propias.

Seguramente habrá mejores cosas para el capitalismo, el imperialismo, el socialismo, el expresionismo, el anarquismo, el materialismo, el existencialismo y demás teorías, movimientos e instrumentos societales, pero el amor calza perfectamente en su contra, quebranzo puzzles y propinando visiones ilusas pero maravillosas a los fetiches del mundo.

Precios, pagos, desnudez, fiesta, liviandad, touches, ventas, compras, mercados, exhibicionismo, narcisismo, moda, consumo... lo que quieras, disfrutalo, amasalo, censuralo, que te importe lo que sea, que juegues, que practiques olvido, que te besen de ocasión, que te tienten con pasión, que invierta en vos el modelo una suma de dinero que te paralice y te acelere las retinas, que te toquen y te olviden, que te esperen y te dejen, que valga todo un secreto, que te llenes de codicia, que te inunden de caricias, que la vanidad te incluya en su postal, que las revistas pidan que te desvistas, que hagas lo que quieras, pero ni los precios ni las valías ni los asuntos momentáneos importan, no podés darle la espalda al amor.




domingo, 18 de septiembre de 2016

Sueños

Mis sueños son sueños, nada más, sólo eso. Tal vez son un poco delicados, arquitectónicos, consumidores de aviones y de globos aerostáticos, mansos o no, quizás hasta hablen de más, mojándose las alas en mi escritura, sacudiendo los racimos para tratar de endulzame el alma.

Pero los observo y sólo veo un sueño, sólo eso, un sueño estrafalario y en ciernes, inclinándose ante la imposibilidad y resurgiendo de la posibilidad. Los pienso y concluyo en llegar a tu corazón, aunque el tránsito se haga pesado y la brisa le rompa los vidrios a la esperanza.

Y aún pensando en concretarlos, veo a mis sueños quietitos en su almohada, imaginando tu murmullo a mi lado, recreando tus mejores besos letales, en silencios ostentosos y manifestaciones sensoriales.

 Mis sueños son sueños, sólo eso, un montón de libertad que vuela en este tiempo remoto, donde todos practican la practicidad, donde la razón va más apurada que la perpetuidad.

Vienen y van, pero descansan en mi. Sueños alcoholizados por el espíritu, duración de sensación pasional subiendo las escalera matinal. Sueños, pero vitales, amarrados a veces, pero bestiales.

Se sueltan y te buscan entre el viento y el sol, creciendo a pasos de sinfonía en voces elevadas, soñando mirarnos, mis sueños, entre personas ignoradas.

sábado, 17 de septiembre de 2016

No existe

No existe, no, no existe. No existís. Aunque quizás es la falta de jenjibre que ha hecho de mi jornada una nostalgia. (Esa raíz cítrica y picante me hace sentir fuerte y omnipotente). Pero pensándolo mejor, como dijo una vez mi profesor Christian Ferrer, la nostalgia se produce cuando se extraña algo (o a alguien) que ya no está. ¿O es esa la melancolía?

Acá nunca estuvo ni la tuve. Por lo tanto, ¿de qué ha actuado esta sensación tan grotesca? Nada le ha importado, ni el hambre crujiente de mi estómago, ni la falta de tiempo para reflexionar, ni nada, nothing at all. Sensación con falta de piedad, revolución con ausencia de voluptuosidad.  Pero la existencia del "no existe" todo el día me ha acompañado. Todo y nada como un vértigo apetitoso. Todo y nada. Cada pequeño elemento feliz es todo, y es nada. Y luego existe otra vez, y otra.

Es probable que sufra por la inimputabilidad de la imaginación, tan inmutable ante mis reclamos, tan indiscreta ante mis valientes pedidos. ¡Basta! No existís. No existe. Pero su presencia es innegable. La quiero, regocijada en la palma de mis manos, oliendo a una primavera aún sin su 21 de septiembre, pero no, no existe. No creo, pero la siento.

¡Si pudiera encarcelar en la acera y en el cemento de una baldoza este sentimiento!, pero habita mi corazón y me rompe la estructura funcional, para entregarse como un armamento disfuncional a los placeres de la liviandad y de la fiesta.

 Es un voraz y frío desierto de ausencia, es una mentira. Como mentirosa es la red que se teje entre almas desesperadas, buscando atrapar voluntades y solventar la podredumbre de las libertades, así es esta belleza infernal que ingresa en mi cuerpo y le fomenta la vibraciones. Así es como atasca mi razonamiento, como contorsiona la inestabilidad del viento, así es como odio y amo este lamento, así es como quiero denigrar y cómo necesito este tormento.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Entrenamiento semanal

¡Que lluvia angelical!, paciente pero insistente, golpea cada latido absorto del corazón, como si el jugo de este día le robara al romanticismo el arte culinario de exprimir amor. Y se escucha aquel ruido indómito que me dice "no renuncies", porque hasta que no se sabe del todo nada se sabe. Tan acostumbrados estamos a suponer, que hasta se supune que por las chapas se filtra el agua como un vapor extremo del dolor, pero no, hasta que no sabemos si es dolor o sólo espera, podemos aguardar. ¡Tengamos fe!

Me recompensan tus ojos (qué recompensa negra tan hemosa). Como los molinos de viento que mueven mi ser y me ahuyentan de la búsqueda de pokemones, me quedo hamacando el alma en un día gris, y ya es mucho decir. Practicando saltos acrobáticos he amanecido, escuchando el sonido en la tierra, oliendo a legumbres campesinas, si hasta no parece una mañana lluviosa deseadense (no se parece a nada amanecer pensando en vos y en tu aroma pegado a mis sentidos).

Toda una semana delimitando sensaciones, para estructurar un poco esta ilusión, colocarla en su lugar, sacarle un poco de jovialidad, entrenando con ella para que se quede dormidita en un rincón, pero no, es como salir del ensueño cada vez que aparecés, sin pedir cita, sin disculparte (sólo así, cuando aparecés de la nada, me cambiás el ruido por una sinfonía).

¿Entrenar o no entrenar? That´s the question! Hoy sólo me quedo en esta gota suave de lluvia pegada a la mesa, acariciándola, como es menester que te acaricie a vos.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

¡Que viva!

Porque un amor, o el amor, amor, no es sólo un diminuto ingrediente con el que se condimenta el corazón, sino que además exaspera a la parsimonia y dignifica a la sordera del chusmerío que se aglutina detrás tuyo, queriéndote consumir y robar las alas. Es un eterno defensor de tus buenas intenciones, y es un ahuyentador de tus detracciones.

El amor es un símbolo más que deseado. (Aunque no sé si habita Puerto Deseado). Pocos realmente comprenden la sensación que genera, a veces huye, se retira solemnemente porque sufre de insuficiencia cardíaca, pero un impulso lo empuja a amar como sólo el sabe, total e inescrupulosamente.

(Y ahora transcribo el texto que escribí ayer por el post que publicó Marta) ¡Que viva el amor! A través del faro de una luz apetecible o entre los brazos de una noche sedienta por esta bruma, ¡pero que viva! Irradiando su esencia en un atolondrado y necio latido, o buscando la porcelana en un beso, ¡pero que viva! Aunque pestañee y dude por unos segundos, aunque los ladrillos pesen sobre su espalda, ¡que viva! Entrando por el cobertizo a tu mirada o simplemente inventando otra como resistencia para no abandonar la lucha, ¡pero que viva!

Que viva rodeado de vos, y que vos lo rodees, ¡que vos lo contemples y te contemple!, con caramelos y tés de aromas centrípetos, o con sabores centrífugos, con unas flores suaves en sus labios, denostando los secretos y hablando a los ochenta vientos que empujan los establos. Es que el amor te vive, vivís de amor, respirás por amor, hasta realizás tremendas escapadas a través del mundo por amor, llevando tu ilusión. Y a pesar de que sea o no correspondido, que exista transversalmente, que verifique su estructura a través de una mirada o que sea tergiversado por un olor imaginario, el amor que vive en vos, que se aprecia por vos, y que te aprecia a vos, ¡que viva!


lunes, 12 de septiembre de 2016

Sonrisa

Si hay que ponerse pilas, siempre pienso en las alcalinas. Nada de las comunes, como siempre les he recomendado a mis alumnos. Así como beber y devolver sonrisas, y no sé si risas, porque éstas despiden un pensamiento de convencer y pretender aceptación.

Y justamente, cada vez que pienso en una sonrisa, veo la que falta, la que aún no ha salido a respirar aire puro, la que quizás aún no nació con la llovizna, sustancialmente, porque su alma no ha sido construida, porque su latido todavía no se ha extasiado cuando observa alrededor.

Hay una gloria específica del ser, y esa es verte, aunque no he visto tu sonrisa. Juego a que la veo reposar en mi hombro, juego a absorverla antes de dormitar, juego a soñarla, juego a tomármela al amanecer, juego a tenerla al lado, con el olor del café y la sensación de bienestar en el corazón. ¡Porque verte sonreir sería tan exquisitamente maravilloso que hasta mi sonrisa pasearía por ahí, alterada y alborotada por la tuya! (¿Cómo es posible pensar tanto en vos?).

Hay una especie de deformación en las sensaciones. Esto es sinsabor, no llueve ni hay sol, la rutina se esconde en las ramas de ese árbol desvestido. Y las paredes grises huelen a tierra, saben a polvo condensado que ha depositado el viento. Me parece que falta algo, algo. Algo de tinte, algo de voluntad, algo de bienestar sincero, algo de espectación, algo de tu sonrisa.


jueves, 8 de septiembre de 2016

Mar negro

En el mar negro pasea un corazón. Paseo entre tinieblas maravillosas, caminata entre sombras magestuosas, navegación entre olas esplendorosas. Se abre un hueco en sus aguas por donde mirar perpleja y extasiadamente, sin reflejos ni ocasión para ceder, sin necesidad de voltear la mirada y dejar de ver. Toda vez que esta actividad es unidireccional, por ahora.

El camino a nuestro alrededor tiembla por la osadía de las nubes, no hay sol ya y la paciencia de la noche se agota, quiere erguirse victoriosa, tiene un apetito insaciable. No describo exactamente cómo las olas negras me remiten a una sensación en el estómago. Cuando el montón de recursos poéticos se termina sólo queda suspirar, inspirar, expirar y volver a suspirar. Otra que personificaciones, metáforas y comparaciones, todo se inicia por vos y se remite a vos, como la búsqueda desesperada del destino en su tiempo y hacia su espacio.

Buscar es un deleite. Y te observo, y te busco a través de tus brazos negros. Como pensaban los expresionistas, el artista "no encuentra, busca". ¿Será la búsqueda el único camino? Y si no pensamos en encontrar algo, ¿para qué buscamos?

Mar negro de terciopelo, con suavidad indescriptible, con emoción acuosa, con atención onerosa, con pesada carga de profundidad, con espacio para la libertad y con exceso de sinceridad.

Hay un encanto oscuro cubriendo la mirada de la noche. Miedo siente el desquicio ante tanta adoración. La luz apenas se percibe y sólo brilla por vos en tus opacos pero maravillosos senderos. ¿Cómo puede un amor ser tan severo y desenterrar de tus ojos el secreto?

lunes, 5 de septiembre de 2016

Tus ojos, y trato...

Y repito conmigo misma, como alguna vez algún poeta o filósofo esbozó en cierta máxima similar: podría quedarme mirando tus ojos toda mi vida, o la tuya, "que no será una vida desperdiciada". Y es que ellos me han despertado tempestivamente, cariñosa y mansamente de la sumisión terrenal  a los vientos patagónicos. Aquí llueve poco, apenas un dedo en la meseta, y su luz ha sido como el agua deseada por el desierto en sus intentos evasivos de la noche.

Tan estrepitoso es el color existencial de la música, que hasta invierto mi tiempo en consumir velas y aromas sólo para percibir sonidos. Tus ojos me hacen pensar. Pisar la mitad de las 20 hs, recordarte, amasar tu sinceridad, entenderla, o tratar, tratar con el pacto, pactar con el trato, de tratar se vive, de intentar tratar, de tratar de entender, al otro, a los otros, a nosotros, como si fuera tan fácil, como si fuera una viril diversión del trato y sus amigos, ¡pero es tan difícil aceptar y comprender! ¡Cuanto más esbozamos frases de protesta y de liberación, más rasgos de sufrimiento son los que nos quedan! Es decir, intentamos acelerar el efecto a través de lo que nos han causado, pero lo que nos han causado está dormidito en un altar de atención, y hasta una mínima reminiscencia puede despertarlo.

Sin embargo, el efecto de tus ojos es la adoración. Y hasta puedo olvidarme de lo demás y de los demás. Quiero escribir un mar entero de dedicaciones y cartas, pero no sería suficiente. Cuando se espera algo, nada es suficiente ni nada le alcanza al corazón. Esto es sinceridad: no me vengan conque el amor es desinteresado. ¿A qué estúpido ser pudo ocurrírsele semejante frase indigesta? No la puedo tragar, no me va. El amor se da y se espera a la par, porque el ser amante también necesita ser amado. No hay sentido ni valoración en el desinterés.

El precio es alto, y aunque flaqueen mis intentos y me preocupe la situación de la lágrima reprimida, cualquier intento vale la pena y energiza el camino. Es que tu mirada es mi arrullo y mi potencia, mi elección matinal y mi sueño nocturno, la verdad más verdadera de la relatividad, una puntita de sofisticación y alegría en un mundo mediático y desteñido.



domingo, 4 de septiembre de 2016

En esta danza del viento...


En este momento, en que abro un escrito para dejarme salir, ahora, no sé si es el rayo de sol que entra por el hueco mal cerrado de la ventana, o es tu luz, o es la inspiración la que entona gemidos del corazón, o soy yo misma, o el artefacto que arroja aire, o es que me falta decisión en la imprecisión, o son las telas de araña que cuelgan en la pared, o son los deseos pintados categóricamente sobre mi alma, o es este domingo ancestral y poco ordinario lo que me eleva y hace que te sienta. ¿Qué será?

Y luego la noche da esas estrellas que parecen pétalos. Y también se ven como partículas de una precipitación, como sus amadas doncellas. Y además suenan las maderas mecidas por las ráfagas, como conscientes de su resignación a ser perpetuadas en la danza erótica del viento. La vitalidad amorosa deseadense tiene su orgullo y omnipotencia en aquel remolino.

Por mi parte y actuación en este baile, siento el olor de lo perpetuo. Lo oscuro trasluce su desnudez y me acaricia. Aún veo la luz, suavemente entrelazada a la oscuridad, como arqueando sus brazos y bebiendo su sabor, que es como se sienten tus labios, entre una sombra y un fulgor. Todo este escenario juega con el poco criterio que me queda, planea su seducción, me inquieta y avanzo, me entrego al desquicio, y tu esencia me posee.