martes, 21 de agosto de 2007

Palabras de un crítico

Decía Octavio Paz: “Del lado de la política, la poesía se empobrece, le falta crítica...”.

La crítica es el instrumento en estado puro de la libertad. Es el alma, el relincho de energía, el ojo que desata la visión enfática. ¿Cómo acertar en el decir si no se critica, si no se confronta, si no se dialoga, si no se busca debajo de la tierra lo que es tapado con discursos hegemónicos? Me dura el efecto del elixir. Participo a diario de la enigmática noticia del no saber, del no entender, pero peleo dentro de los nidos de avispas, me traigo a la palabra el quiebre de relaciones con la monotonía.

Decia Octavio Paz: “lo importante es la poesía moral y la visión del mundo”.

Me pregunto, entre tantos desatinadores de la moral, ¿cómo entenderla como moral si aun no sabemos qué es moral?. ¿Moral en sentido estricto o moral siguiendo lo que uno es, con coherencia y estructura de ser y pensamiento? Rasguño un poco el polvo que tapa la descripción, y me hago cargo de que a mi entender moral en poesía es decir lo que uno quiere decir, siendo fiel al ser, no mentir, no ocultar, no ofuscar la verdadera palabra.

Decía Octavio Paz: es necesario “predicar el escepticismo, la crítica, el pluralismo, el diálogo, porque la crítica enseña a la tolerancia.”

Siento como mujer que tiene la inquietud de que haya inquietud y no quietud, que es necesario cortar la llanura del lenguaje. Nos enfrentamos a un mundo sin rosas mosquetas, sin hojas amarillas, sin anfitriones de los otros mundos. Me gustaría recibir una invitación al otro lado del olvido, porque éste un día te arranca una sonrisa del vacío y al otro te llena de vacío la sonrisa. Son necesarias las ideas regenerativas, aquellas que no concuerdan con la aleación y sí con la recreación. Siento en este pulmón una gota de lluvia, pero me quiero entregar a la blanca resurrección de sentir el sol lejos de mis rejas.

jueves, 16 de agosto de 2007

"...I don't know why but I know we're free, free to fly"

¿Me desprendo de lo irreal o me enfrento más a ello? El fuego constante de la tecnología y el vicio de la tecla, ¿ me acercan a la calcinación de la cercanía con los seres? ¿Es un pecado molestarse con la anarquía del sentido y al mismo tiempo abrazarse a las musicas del progreso?

Si, se que me enfrento, me confronto, me ofusco, me entrego a la guerra entre la dulzura del libro y la fascinación por el escenario de la imagen tecnológica y desquiciadamente comunicacional. Es como hacerle acupuntura al futuro, plantearle una incógnita, morderle el léxico a las tentativas por idear nuevos diálogos.

¿O es que acaso no los estoy creando al plantearme la angustia del no entender, del no ser capaz de tantear el terreno en esta confusión de ideas?

Me limito a votar por un descanso diario entre poemas, entre prosas filosóficas y entre delirios incapaces de entender, pero juego a la memoria virtual con los paneles de artistas y charlatanes que veo remontar vuelo en los programas de TV. Aun me queda la angustiante y amorfa necesidad de pensar.

Es el minuto 53 de este recital de Depeche Mode en el cual el trayecto se vicia y se vacía, porque debo erguirme ante la cena que me espera, en esta noche trelewense de juegos y suicidios de almas. Las palabras que se me escapan se disfrazarán más tarde de recuerdo.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Las antenas del progreso son sudorosas circunstancias. Me veo envuelta en el caos. Otra vez doy vueltas pensando en el plagio, charlando de esta temática me pregunto una y otra vez, ¿está bien crear este blog, que sólo intenta marcar los pasos que mi corazón va amontonando en el tiempo?

lunes, 13 de agosto de 2007

Paseante...

Aun siento el polvo desparramado, la piel se hace rugosa y huele a tiempo...

Hoy el viento despertó egocéntrico. Pero hay réplicas, la gente que se muda de cuadra en cuadra camina vigorizando sus ánimos de escabullirse de sus afanes inhumanos. La letra de la tierra se unta en la sequedad de los labios, áspera pero pegajosamente derrumba el deleite por la serena temperatura de este mediodía.

Caminando, el horizonte se hace papel y humo. La basura andante me recuerda a dónde va el recuerdo. Los cabellos reflejan el aura del egocentrismo descripto. Este dilema se asemeja a los días en que escribía los lamentos y las gracias de Trelew, allá por los años 96, circunstancias que luego me fueron hurtadas por los amantes que no saben idear ni expresar la realidad (me pregunto si es que no pueden o es que la flojera los conmueve). Aquellas doncellas de la tierra, emulaban a Martínez Estrada, el escritor paseante de Buenos Aires, que haciendo uso de sus sentidos describía las glorias y desgracias de los habitantes de su ciudad. Y por qué no dialogar con esta ciudad, lugar que arrulla a pobladores que dejan a la crítica tirada en las letrinas. Por qué no llevar en andas estos sacos escasos de sentido. ¿No es esto lo que nos pedía Eloy Martinez? Hurgar en la ciudad con nuestros sentidos, hablarla, palparla a cada instante. Porque cada ser, como cada sitio, es una fuente de recreación. No hay supuestos como tampoco realidades hechas, porque la realidad es un ente que se va nutriendo, ya sea de dragones o de flores, ya sea de bondades o de gula. Se construye una y otra vez cuando va paseando a tu lado, o con tu paseo diario. No es una institución, es un creando.

Y nos vamos cargando con energías ilimitadas carentes de sangre en sus venas. Me temo esta es nuestra realidad, nuestro construyendo. Nos vamos alejando en distancia virtual y corpórea entre seres, y la soledad se va formando en un ecosistema de radiaciones internas.

Mientras andaba pensaba en las cantantes que han perdido sus venas. ¿Dónde quedó Nelly Furtado, donde la pequeña Hilary Duff? ¿El mundo capital se las ha tragado?

Me quedan unos pequeños montones de ejemplos para pensar, pero quedo al descubierto y prefiero ocultarme hasta que tenga algo más para decir.

Pero hoy caminaba y sonreía, aunque el viento se iba reconstruyendo como un glotón compañero, no se me daba por insultarlo. La sangre de Trelew está oculta, pero el viento la revela, la desata y le hace unos mimos para reanimarla. En un día como hoy, ¿ despertarán los que callan?

viernes, 10 de agosto de 2007

Dimensiones de la palabra...

Momentos atrás pensaba en las dimensiones que debe tener cierto escrito, novela, poema, elíxir de palabras, o que se yo que compendio de letra, hora y comportamiento para ser llamado relato.

Asistí a la charla que realizó el escritor Tomas Eloy Martinez en Trelew, pero nada queda en mi claro en lo referente a qué es un poeta, qué es un escritor, qué es un soñador, qué individuo un periodista, o qué ser un novelista. Tengo frío ante la pregunta, los dientes machacan sus dudas, hay efervescencia en el dato que he recogido de tanta palabra suelta. Porque las casillas me tiñen de dudas, el encasillamiento temporal aun más de dolor.

Entonces, meditaba acerca de mi, de mi ser que naufraga entre eclipses de países y circunstancias, me cuestionaba sobre mi capacidad profesional de "comunicadora social", que no sabe obsequiar a la multitud un tramo de realidad, esa realidad pintada y consternada por ideologías que se mudan de tiempo en tiempo a otras ideologías, y que trasladan su emergencia de persona en persona, de situación en situación según "conciencia" o "dignidad" de época. Me preguntaba por los otros, por los que no huelo ni observo al permanecer metida y obtusa dentro de los límites de mi casa virtual.

¿Qué soy, quién soy, qué soy para el otro? Me pregunto si el catálogo de la conciencia ajena me permite ser algo para el ser del trabajo y el capitalismo que evacúan sus ansias en estos tiempos. ¿Qué soy para el que planea para mi una escasez de sinceridad, y una contención de deseos y sentidos expuestos para la "buena" visión de la realidad? ¿Qué soy para el otro, para lo otro, para los otros? ¿El ombligo donde descargo mis miserias o una alerta para que los panales de abejas no piquen al extremo del daño irreversible?

Si algo he aprendido en estos meses de insomnio en mi cabeza (pero en lo que ahora caigo en cuenta, como dicen en México) es a no esperar nada de nada, nadie de nada ni nada de nadie, sólo espero la nada cuando la nada te hace ser un ser teñido por las habladurías y el desenfado al expresar.

Son dimensiones lo que hace falta, porque no me alcanza para ser novelista, no me alcanza para hacer mentir al mundo ni a la realidad poetizada, no me alcanzan las palabras, porque en el intento de ser y de salir de mi fracasan antes de llegar, o son tan pocas que no alcanzan a darle sabor al gusto. El gusto es tan inquieto, tan exquisito que es necesario llenarse para amedrentar el hambre del saber. Así que novelista no seré, mi interés no es calmar hambrunas temporales, mi interés es ser para quien quiera que sea y que quiera ser...

Según entiendo, periodista tampoco podré ser, porque soy más sincera que la lluvia cuando palpita, ¿cómo arrancarle los escrúpulos a la sinceridad? ¿Cómo ser una trabajadora del arte de la temporalidad de la escritura si mi ser atemporal practica el incesto con la palabra? Me tiemblan los dedos, juegan a mentir, o a no concretar mis verdades, coherencia no les puedo pedir.

Poetisa temo tampoco ser. Se me calcina el momento de la lírica cuando la voy esculpiendo. A cada rato el fuego realiza más el acto de la ceniza. Mis papeles se enjabonan las manos y por ahí se inclinan a la simpleza. Entonces, ¿cómo pretender poetizar?

¿Y filósofa? No planteo hipótesis que resulten al final la concreción de los sueños del ser. Me vivo equivocando entre parcelas diarias de realidad, y los caminos me obligan a pactar una y mil veces con las circunstancias para no caer en la bajeza. ¿Cómo ser filósofa sin pecar de omnipotente? La tragedia devela mi ser, no estoy para infundir leyes ancestrales.

Me queda la palabra, llana y pecaminosa, serena pero desgarradora, así como lo dijo Eloy Martínez, es como el elemento común entre las tecnologías y lo que fue aquella tradición de libros y periódicos a base de papel, aquel nexo entre las ideologías y la realidad.

Palabra, puente potente entre la ceguera y el querer significar, mancha dejada de lado por la lealtad y emblema del arranque de sinceridad. Palabra, objeto inanimado pero que anima. Una palabra quiero ser, de la palabra quiero vivir y respirar, hamacar en ella el pensamiento y jugar, como cuando hace días acampaba en la calle, buscando la noticia y revolviendo con mis sentidos lo que pudiera quedar. No habrá quien nos quite la ilusión de la palabra, chica o grande, novelista, filosófica, oblicua, periodística, poética, puntiaguda, cuadrada, hedonista o humorista, transfiguradora de emociones o informativa, es palabra nada menos y nada más...

jueves, 9 de agosto de 2007

Sin título

El amor, seda viscosa que se pega al alma y la aprieta contra el pecho. Amor, ojo en la tormenta que ve tendenciosamente la mirada encadenada....

Es el elixir del tiempo, derrumbando un muro del pasado y construyendo a chorros un bosque de nuevas preguntas. Casi objeto del silencio, casi llama de un tormento que deja de sufrir....

Hay un paso entre el milenario túnel de lo que fue y de lo que es. Hay una lágrima dulce por la mejilla acalorada. Corre el polvo del deseo por la llaga abierta y solitaria, que poco a poco va cerrando sus conductos y se sana...

El amor, sudoración inquieta al romperse las cadenas. Necedad del aire insulso que pretende ser viento agitando las hojas en este invierno. Amor, ¿acaso eres mi sombra? Los diferentes niveles del tiempo me han legado tus pasos y hoy me haces compañía.

Sólo un momento...

Pero sólo son momentos, de desgracia o de dicha. El decir tiene elementos secretos e ilusiones que tiemblan. Un sueño que fecunda y se une al delirio, un delirio que fue mirarte en un momento, en que luego te desposeiste de lo que eras y volviste a ser el siendo...

El decir tiene palabras acurrucadas que con el frío se deslizan. Una palabra es engendro de un toque mínimo, es ocaso de un abrazo de despedida..

Pero son sólo momentos, porque el momento juega a conquistar el siempre, pero el siempre se lleva el trofeo en la ruta a lo eterno, y el momento gana la partida hacia el recuerdo.

Hay un cofre en estas manos que quieren dar y tocar el aire cuando pisa tus adentros. Pero, sólo es pero. Pero, sólo es un momento, un momento hace días que besa al quizás y a la hecatombe de un silencio.

Sólo fue un momento, pero un momento que se lleva el segundo premio hacia tu mirada en el recuerdo.

jueves, 2 de agosto de 2007

Pensar

Soy un ser pensante, el extremo del eje central de mi organismo pensante. Pensar es vivir en conflicto con el preguntando de los fines y las palabras.

Las palabras se amotinan en mi vientre para succionar la pregunta, porque esta clase de filosofía tiembla en el escándalo de lo quieto y desamparado.

Las estrellas arrugan el tiempo, lo hacen innato de mi presente, que se cuestiona y piensa el futuro como sangre de mi pasado. Pero la noche tiene espinas, Trelew y la gente te las clava en la llaga que aun no estaba envenenada. Y como moción para el sufragio, la emoción se hace a un lado y ya no llora, no late ni respira la queja de la lluvia. La emoción no titila, objeta a la vejez que va caminando, aquella dama de blanco que pasa por el costado y le da unas palmadas a mi alma, aquella vieja soledad.

Pero, ¿qué es soledad? Escuchando de Miguel a Ciorán podría decir que es una o ninguna, y si escuchamos a Aristóteles diríamos que su esencia es estar solo. Pero estar solo puede ser estar acompañado, y estar acompañado no es ausencia de soledad, sino más bien el origen de esta vieja de blanco que se pasea por las noches de insomnio, atornillando los oídos.

Soy un ser pensante, tanto pienso que "rompo los castillos", tanto pienso que expiro el tiempo en su esencia atemporal e ingrata. Compartir el tiempo es compartirte, atemporarte es pensarte.

Soy un ser pensante, como piensan las luces en desvestir el secreto de lo oscuro, y así saber los caminos, que no son sabidos sin ser comprendidos.