jueves, 31 de agosto de 2017

El tiempo

Un mosquito pasó y luego se incrustó en el orificio del tiempo, donde nada perdura y todo transcurre con total desmesura. Resucitaron las venas del atardecer sobre el escritorio, y el semejante animal sobrevolaba los bancos de los alumnos como desatando su necesidad entre las pieles desnutridas. Mientras los ruidos de los autos palpaban la insensatez, el mosquito aterrizó en un buzo de friza color azul. El estudiante cantaba sobre la dormilona tarde (tan despreciable), era insignificante su voz pero muy eufórica la sensación que provocaba en sus vecinos. De pronto sintió el pinchazo metafórico del tiempo y todo se derrumbó. Los intestinos del animal se desprendieron en el acto, suplicaron misericordia y comprensión. Su atacante no pudo contener la furia. El tiempo, que estaba esperando terminar su faena, se marchó.

30 de agosto de 2017.

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