viernes, 1 de junio de 2018

Decíme que no es un chiste


Decíme que no es un chiste, decímelo, un pequeño pensamiento de vos rodeando alguna constelación que me ilumina, decíme que eso no es un chiste. Van por ahí las señales, pero no las distingo, y por ahí no te veo, pero te siento, y creo que quizás no es un chiste, ¿cómo hago para sacarle el papel a este caramelo?, y disfrutarlo despacio, insistir en el ruidito, pensar que no es un mito que quizás existas, que existas, que por el mundo te vistas y te desvistas, que sea cierto, que no sea un chiste, ya es más grande que todo el mundo entero, aunque me humille.
Van rodando las palabras, y nos las quiero ver cerca ni tengo ganas de mirarlas, pero si las decís vos, hasta el huracán para su embestida porque siente que te ama. No hay nada más infame que creer cosas, que devorarte cosas pensando que son ciertas y que todo eso lo sabés, y en esto quisiera que no, quisiera pensar que no tengo la razón, para al menos entender que no me puedo morir de amor, pero cada vez más los precios van subiendo, así como mis sentimientos, y no tengo ya ganas de que emprendan el regreso, ya estoy demasiado lejos.
Decímelo, total me queda un arsenal de libros por leer y quizás si algún día no te pienso en la mesa los ubicaré, y entenderé que mejor será apresurarme y tragarme los párrafos de a uno, como ese beso inoportuno, que espero de vos y que quizás no llegue ni en el sueño nocturno.
¿No es un chiste?, dame una devaluación, el abrazo busca su absolución, que no me crea más de lo que sea real, pero viste que uno va soñando y reformulando cada sueño como si fuera lo más preciado, y lo más valorado, eso de tenerte a mi lado, y es que tengo el corazón acelerado, y esperanzado, abreviado, entre lo que es y lo que no se ha consumado.

Esta madrugada

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