sábado, 9 de junio de 2018

Por la canción de Mannequin

¿Cómo puede ser que un par de ojitos negros lo iluminen todo? Escuchando la canción de la película "Mannequin" en FM Aspen (y leyendo un poco, en forma distraída y parsimoniosa), recordaba cómo una se desvivía de chica por mirar peliculas en una videocassettera que no era la tuya, ya que eran muy modernas y caras para pensar en ese momento en comprarlas para la diversión familiar. Me acordé de esas noches sabatinas, de salir a tomar un café con mis papás, luego de la cena, o comerse un postre helado en lo de Pedrín, en Trevelin, y mirar esas "colillas" antes de que comenzara la película, emocionándote como si fueras a vivir la más bella experiencia antes del fin del mundo, y hoy la televisión está absolutamente impregnada de films y canales. ¿Todo tiempo pasado fue mejor? ¿Todo tiempo más difícil fue más verdadero?

Recuerdo el patio trasero de la farmacia, el río Percy, por el que cruzaba de un lado a otro pisando los montones de piedras para no mojarme los pies. ¿Y las caminatas hacia el río Grande? Los bordes no estaban alambrados, como en la actualidad, y la libertad era algo que no tenía que ser comprado, no había leyes ni papeles cínicos, en un pueblo tan chico. La naturaleza era tuya, sí, tuya. Nunca me atrajo mirar ni a chicas ni a chicos, era demasiado inocente como para pensar en burdos dominios, mi mundo era yo y mi mundo, el barro, la pelota, una raqueta, la nieve, los pelotazos a las paredes, la pelotita de tenis besando los charcos y acariciando las paredes del patio, la escuela 57 era mi propio barrio, y hoy la mayoría se desvive por el sexo y el engaño.

Me pregunto muchas veces en qué me he convertido, tanta soledad era inobjetable, admirable, y hoy si estás sola la televisión y la sociedad te muestran que el camino es la imagen, y que estar sola es perderse en tus propios baches, con sus atrevidos mensajes subliminales de triunfos y de consumo, y hasta vos misma te creés que estás en Neptuno, y te autoflajelás saliendo en posts, pensando que así cambiarás tu podredumbre por un pasaje a los anillos de Saturno.

¿Y cambiar para qué? ¿Alguien te querrá más? ¿Vos triunfarás? ¿Serás? Pero aún así, la lucha es constante, te creés todo y seguís dirigiéndote a la red como si fuera la única y absoluta verdad, y te adaptás a una forma de discriminar.

Me acuerdo de ver Rambo, de alquilar Rocky, e ir a verlas a la casa de María Andrea, ¿cómo puede haber tanta distancia entre lo que es y lo que fue durante una sola era? Es como si perdieras la vista por mirar una estrella. Dejé Rayuela por un tiempo, por un rato, y ya me siento culpable, es deleznable jugar así con lo que siento desde hace un tiempo a esta parte, ¡porque" sólo se me ocurre amarte"!

¿Es posible que semejante negro concepto arroje luz sobre la desolación de una vida a la que se le escapa a veces la emoción? El corazón me tintinea, ¡si lo pudiera cambiar!, pero contiene un juguito dulce que cuando estoy sin metáforas hace explotar el foco de una lámpara. Y hasta me hace zumbar el oído derecho, imaginando que hace ese ruidito porque estás pensando en mi, ¡este pensamiento provoca tremenda risa e inconsciencia sin fin!, por creída, por pensar que los latidos que pueden salir de vos son sabrosos y yo los provoco.

¡Qué ironía!, papá era farmacéutico y se conocía todos los remedios para aliviar los dolores, pero no encuentro ninguno que pueda curar este mal de amores, un amor atormentado por su propia ternura, indigestado está entre sus propias ataduras, en su propia locura, que va y viene, ¡pero que ama firme y sencillamente semejante preciosura!

Voy por ahí buscando formas, para no hacerme de cuenta que no hay solución a tal idiotización que por vos se desboca. ¡Que algún día me pueda encontrar con tu boca!

Sábado 09 de junio de 2018

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