jueves, 12 de abril de 2018

Cuando sonreís

Cuando sonreís se ilumina el mundo y me creo cualquier cosa, cualquier cosa, hasta que una nube puede aportarle energía a una tierra porosa. ¡Mirá qué cosa!

Por eso es mejor no mirarte, ni mirar tu sonrisa, es una forma de protegerme y refugiarme debajo de un alambre, como si fuera posible, es que yo me creo cualquier cosa, desde tu sonrisa piadosa hasta que un estómago sin hambre pueda devorarse a una diosa.

Cuando sonreís no pasa un ángel, ¡pasan mil! Y me creo que hasta puedo escaparme de aquí y vivir, ¡vivir por fin! Pero se me hace un nudo en los cartílagos, y la realidad vuelvo a sentir, percibir, escribir, como quien va dibujando cada minuto de su vida sin ver el tiempo transcurrir, y se me hace peligroso creer, ¡qué le voy a hacer!

Cuando sonreís una mesa ratona se convierte en la almohada que le da luz a mi sombra, y me creo que hasta por el patio tu figura se asoma. Por eso es mejor no verte sonreír, ¡porque me creo que hasta por una cava de vinos se me aparece tu nariz! ¡Cada cosa sale de mí! Y como lo último que me queda es creer, es mejor no verte aparecer, no vaya a ser cosa que me lo vuelva a creer.

Cuando sonreís me dan ganas de existir, no sé si de vivir, pasar por el mundo habiendo soñado, aunque sea un rato, es más de lo que pude haberme imaginado. Y puedo creerme cualquier cosa, ¡cualquier cosa!, hasta que tu flor favorita es la rosa o que la libertad es una cuestión cumplible en medio de tanta derrota. Por eso es mejor no arrepentirme de haberte visto, pero me arrepiento, y lo siento, porque, ¿cómo eliminar este dolor que llevo dentro?

Pero cuando sonreís, creo, y no debo creer, pero creo, ¿quién soy yo para no creer este argumento?

Ayer y hoy, hoy y ayer, 12 de abril de 2018.

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