jueves, 12 de abril de 2018

Bajando por la calle Belgrano...

Bajando por la calle Belgrano en una noche ventosa y con la música que me acompañaba, bajé suavemente la mirada, como quien mira de compromiso para no chocarse con nadie, y la vi. ¿Y si fuera ella? Y me percibí como James Blunt en el subte viendo por primera y única vez a ese amor que no podría ser, ese terror de sentir por una vez lo que escapa a tu control y te obliga a detener.

Pero luego te ponés a pensar en los NO, en tus vestidos, en tus posibles apariencias para el otro, en tu descuido, aquello que mostrás para conformarte a vos y al otro como un capricho. ¿Y qué si iba harapienta? ¿A quién le debo agradecer por mi apariencia?

Puro vestido, que te arropa el cuerpo pero no el alma, que te hace seducir pero te deja las venas encerradas, y vas sintiendo el castigo que te has comido por ser tan autosuficiente, y por haberte dormido.

Mendigás sin decir, apartás sin aludir, desconfiás sin reprimir, pero todo igual pasa y no hay nada más que discutir, sólo nos queda lo que podemos vivir, y lo que no se toma un mate con la pregunta en una tumba, donde en secreto renuncia, a lo que alguna vez el alma deseó con toda su furia.

¿Una renuncia se anuncia, o va obligando al desprecio a besarle el cuello al silencio?

Algún día del año pasado y hoy.

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