sábado, 22 de septiembre de 2018

El silencio y el grito

El silencio o el grito
pueden ir de la mano,
el silencio susurra misterio,
y el grito una explosión de segunda mano.
Como si el alma gozara
con esos vaivenes
va derrotando leones
y se va sedando con los jejenes.
Sube la cumbre a la espera
de sentirse azotada por el precipicio,
y cuando menos lo intenta
vuelve a dar los mismos pasos que al principio.
Como en una caja de pasiones
el silencio activa las emociones,
y el grito dice que extraña
hasta lo que no decís en canciones.
Contenida va la noche,
hambrienta porque llegue el día,
para trasladar en un jazmín la brisa
que tanto te da alegría.
Siento tu corazón,
aunque sea de mentira,
en el silencio y en el grito
siento que me vigila.
Sólo los colores que no se ven
se mantienen adentro esperando
salir a flote con tu sonrisa
que en mis pupilas se va enredando.
El silencio o el grito
se animan a pervertir su gravedad
de decir y no decir lo que siento
hasta la eternidad.
Grito te amo,
pero no escuchás,
el silencio lo calla,
y te acordás.
El silencio y el grito
me tienen dominada,
vaya a saber cuándo se sabrá
lo que la luna le dijo a la mañana.
El silencio y el grito se alían
tienden a la hermandad contenida,
se aman, se besan y también se sublevan
a los placeres que les ofrece la huida.
Y aunque la ficción sea una llaga
que mantenga a la verdad apagada,
lo real es que latís en mí
de noche, de tarde y de madrugada.

22 de septiembre de 2018



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