Intentar, dar lo mejor, eclosión de esfinges suministradas por el palabrerío artesanal del encuentro y la atrofia de la individualidad. Recurriré al incienso, la perla del día es un secreto, me daré un baño bajo las estrellas para escapar. Ese sinsabor del dar, ese sinsabor de las palabras escurridas bajo el encanto del momento, ese sinsabor del saber del bien o del mal, quietos motivos que me despiertan, otros tantos que no me permiten terminar de estudiar, ¿soy yo la que no lee?, ¿es el hambre y la infamia del tiempo que se escapa como ave en el paraíso?, ¿es la poca articulación de la estructura diaria o los escasos bombones que me como por mes? Ayer salpicaba entre las calles un lamento, una maldición tirana y descortés, se esfumaba mientras la música de mi Samsung triangulaba por mis orejas, son tres ángulos, una observación de las perspectivas distantes (¡tan distantes son nuestras perspectivas!). Uno ve, el otro mira y aquel ejecuta, uno ordena, aquel obedece y el tercero asiente con la mirada y la poca tirantez de la defensa. Es un juego orquestado del que es muy difícil suceder en ganancia. La ganancia aprieta los bolsillos insaciables, la negligencia apunta al hacer común y lo venidero tiene fiebre. ¿Hacer más o sólo lo necesario? ¿Olvidar o apuntar un cadalso? Hubo un tiempo en que el abrazo agonizaba, tiraba de sus pelos unos besos y escupía sus desgracias, pero hoy huelo en el ambiente matutino de Puerto Deseado la herradura de la espera, esperar un milagro, salvar un corazón, una gaviota regordeta y ovalada se nutre de los restos, y los restos son ofertados al que quiera comprar, u obtener, o verse beneficiado, sin dar, de sí un alma, sin tirarla, sin mutarla, sin dejarla, sin reciclarla, sólo darla, dártela, ¿no la ves? Es eso lo que tengo, aguanto, y en el alma me entrego, aunque sólo sea por una nota, o por una página rota. Un alma, sólo un alma, no un billete, no una suela, no un abrigo inmenso, no una nieve derretida, no un reclamo ni un beneficio, como tantos cansados por ahí de la insolencia y del ruego capital, sólo el alma.
lunes, 1 de junio de 2009
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