No está destinado, ni cruzar el mar a tientas, agazapada e intentando abrazarte. No está destinado olerte, la magia no se guarda en especieros ni en frascos de legumbres, la magia se enciende en el alma, la magia calma su incertidumbre al mirarte, pero no está destinado que los humos sean percibidos por los campos antes del incendio, no está destinado. No está destinado pasearse por una costanera fría, las gaviotas cantan en el desastre perpetuo, no son esos cantares como tu voz, no es lo mismo. Quedan tus ojos mirando por la ventana, el ideal no descubierto, los hoyos claudican entre tierras y gotas de agua, los arrullos del rumor son insolentes y cualquier decreto de palabra y estupidez que danza en estas calles es aceptado como sincero, sin la contemplación del valor ni las efemérides de la verdad, lo que se escucha se acepta, lo que se calla enferma, no está destinado que los secretos se guarden y los inventos se callen, pero está destinado amarte, sobre la sombra o el olvido, sobre la inercia o el silencio.
Sin garantias
No sé si la claridad se convierte de repente en oscuridad, porque en las certezas, ¿alguna vez podés confiar? Con su espíritu indomable te envuelve la voluntad, y lo intentás tantas veces que el humo del tiempo de cabeza te pondrá. La mansedumbre te aplana pero también te otorga libertad, y la paciencia oniriza cada espacio de tu integridad. No sabe a ese jugo de durazno cada minuto que te acercás, ahora suena como un disco rayado que no querré escuchar. Pero el espacio-tiempo de mi seguridad me querrá privar, a veces reconozco mucho esta historia que vuelve siempre al mismo lugar. Me gusta más la primera estrofa para finalizar, porque la certeza es el invento de un millenial que no te garantiza la eternidad.
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