No está destinado, ni cruzar el mar a tientas, agazapada e intentando abrazarte. No está destinado olerte, la magia no se guarda en especieros ni en frascos de legumbres, la magia se enciende en el alma, la magia calma su incertidumbre al mirarte, pero no está destinado que los humos sean percibidos por los campos antes del incendio, no está destinado. No está destinado pasearse por una costanera fría, las gaviotas cantan en el desastre perpetuo, no son esos cantares como tu voz, no es lo mismo. Quedan tus ojos mirando por la ventana, el ideal no descubierto, los hoyos claudican entre tierras y gotas de agua, los arrullos del rumor son insolentes y cualquier decreto de palabra y estupidez que danza en estas calles es aceptado como sincero, sin la contemplación del valor ni las efemérides de la verdad, lo que se escucha se acepta, lo que se calla enferma, no está destinado que los secretos se guarden y los inventos se callen, pero está destinado amarte, sobre la sombra o el olvido, sobre la inercia o el silencio.
Lapsus
¿Fue un lapsus? Fue como degustar un merengue con dulce de leche, maravilloso, pero terrenal. De tanta dulzura parece que sacrificás tu alma, pero volvés, porque este órgano feliz sin cuerpo es un engendro resilente. Todo lo que fue y será no pasará de eso. Mañana todo cambiará, y en algún momento me iré, porque cuidarse a uno mismo es más necesario que amar o degustar el placer. Los sinsabores y la miel tuvieron su espacio en el lapsus, y no colapsan ni se inclinan, sólo resisten y se amoldan al cambio. Fue como atornillarme en un espacio aromático y visceral, pero el oído interior se serena y la rutina se acomoda al lapsus. Fue ecléctico mientras duró.
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