El olvido ocasiona la intemperie de los sueños. La ventana hacia el futuro posterga las palabras. No tener lugar ni tiempo hiere. La carroña del destino, la decisión, ¿no recordar lo pasado quema el presente o el olvido hace bien? La mano está fría, huye hacia la madriguera a descansar, pero aquellos que lo saben, que lo envuelven y lo convierten todo de tal forma para transgredir con prejuicios e instaurarlos en el aire como al inquieto polen, huyen de sí mismos sin preguntarse. La huida de sí es la cárcel del prejuicioso. Me cansé de la vetusta tempestad del que preenjuicia de una forma inerte y uniforme, descabellados anhelos de ser lo que no son, prejuicioso huele a envidia, huele a huelga en el mar.
Sin garantias
No sé si la claridad se convierte de repente en oscuridad, porque en las certezas, ¿alguna vez podés confiar? Con su espíritu indomable te envuelve la voluntad, y lo intentás tantas veces que el humo del tiempo de cabeza te pondrá. La mansedumbre te aplana pero también te otorga libertad, y la paciencia oniriza cada espacio de tu integridad. No sabe a ese jugo de durazno cada minuto que te acercás, ahora suena como un disco rayado que no querré escuchar. Pero el espacio-tiempo de mi seguridad me querrá privar, a veces reconozco mucho esta historia que vuelve siempre al mismo lugar. Me gusta más la primera estrofa para finalizar, porque la certeza es el invento de un millenial que no te garantiza la eternidad.
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