sábado, 3 de noviembre de 2018

Título: que viva noviembre

Ya estamos bien de noviembre: november rain, november aquello y noviembre primero. El amor es bello, ya está, es una máxima, y amar es tan bello que estremece, pero cuando no nos aman todo lo que estaba bien se abraza al mal y te pegás unos palos tremendos: huyen las gaviotas, se les salen los pétalos a las rosas y los colores van fingiendo que son colores sólo para dejar a la gente conforme. La conformidad, sí, es de un espíritu revolucionario tal que puede mentir en la cara y de paso darte una bofetada, pero cuando se te incrusta en la rutina te va dejando más abierta la herida, la va alimentando con recetas dulces que ni tarde o temprano encontrarás la salida.
Fingir es amar,
es pecar contra uno mismo,
es habituarte a que no saldrás del abismo, porque no saldrás,
y si seguís así no tardarás en ser la mejor actriz del cinismo,
todo por amor, le dicen,
para no perder el valor, repiten,
para que te agites en la bondad, te insisten,
y para que sigas escribiendo, se te rebelan...
y la verdad que se revela
ante la inseparable contingencia
de estar solo
es tan dura de aceptar
como que quizás nunca
me querrás.
Pero vuelo
con una piel suave
y me enfundo
en dolores mortales,
¿qué puede salir mal
si te amo a pesar de las sales?
Los azúcares
engordan
la voluntad
de quienes las abordan,
y la fortaleza
es el invento del que no sabe convivir
con la crudeza,
dejémonos de parafernalias
y que siga rodando noviembre
de forma estrafalaria,
que yo te sigo llevando adentro
aún
y no me arrepiento,
no me gusta que no me quieras,
pero que le voy a hacer
si soy porfiada de veras,
ingenuidad o libertad
que más da,
una de las dos es la verdad
que más me va.

03 de noviembre de 2018

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