jueves, 10 de mayo de 2018

Todo comienza con una pregunta

¿Qué es la metáfora? ¿Es la función más emocional del cerebro de la poesía o es el intento por agradar al otro algún día? ¿Es la sinergia del corazón pidiendo a gritos atención o es el encapsulamiento de los recursos poéticos que marcan en el alma lingüística una superación?

¡Cuán difícil es administrar la felicidad! ¡Dificil es no darle rienda suelta a los antojos de la necesidad! El aburrimiento genera imprecisión en los sentimientos, no sabés si es cierto o si no es cierto, todo es un soberano intento, recorrer el corazón me hace dar pubalgia en las explicaciones que no encuentro.

Es como pretender entender a Pablo Pérez sin pensar en lo geminiano, y cuando todos se van a dormir temprano yo me quedo pensando en vos con el corazón en la mano. Es una adoración frecuente, transparente, tanto que cuando la quiero tapar desarropa las doctrinas que habían estado firmes en mi mente. ¡Soy una inconsciente!

La verdad es una gelatina fuera de la heladera, tan perecedera, ¡pero la buscamos la vida entera! Y a veces llegamos al final sin haberla experimentado de veras, porque se ha estado regocijando con nuestras flaquezas.

¿Cómo poder afirmar lo que una y otra vez es desafirmado en un firmamento desestructurado? Cargarte de la mano, un sueño imposible de ser recordado, lo busco por allá y por acá y se me niega la posibilidad de entender por qué te amo tanto. ¡Tanto!
Porque se nota cuando no estás, se nota, cuando no estás. El desierto se hace insuperable, y ni siquiera busca agua, sediento está, cuando no estás, y aunque no intente metaforizar, esta vida que llevo es una metáfora aplicable a la posibilidad de lo verosímil, cuando no estás, no lo puedo ignorar.

Y si me intento de vos olvidar, todo alrededor me hace de vos acordar. Y si intento barrer los recovecos del tiempo (tan ignorante pero atento), en cada pequeña partícula te encuentro. No lo voy a negar, no más.

10 de mayo de 2018

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