miércoles, 10 de enero de 2018

Extraño

Te extraño. Extraño lo que no se puede extrañar, lo que no se debe extrañar, lo que no he vivido para extrañar. Lo que has experimentado caminando en puntas de pié sólo sobre tus pensamientos, se extraña tanto que es imposible no extrañar con las cuerdas vocales de un alma concebida en un solo intento. 

Sólo el retrato del mar sabe lo indisoluble de un sentimiento tan profundo que no se puede silenciar, aunque quieras hacerlo, porque mientras más estás reestructurando tu mundo, más se te da por extrañar a cada segundo.

Los labios están preparados, el corazón se sigue llenando, y por eso se me da por extrañar hasta con los ojos cerrados. Extraño el olor que no he sentido, la discusión que no he tenido, el calor que no he absorbido. 

Van las hormigas circulando entre los papeles de unos caramelos, bebiendo la quietud de sus cerebelos, y yo a mi extrañar de vos me pego, porque extraño hasta las conjeturas, y la bendición de las ataduras, ¡tan de extrañar es el abdomen de esta luna! 

Te extraño, y eso que no encuentro motivos para extrañar lo que extraño, ¿será la imposibilidad el recurso argumentativo más claro? Eso dicen, pero nadie extraña como el corazón me lo dice, sin directrices, sin nada de lo que agarrarme para irme, porque extraño hasta la piel que te viste, y la sofocación que aún no me diste, te extraño como si hubieras estado acá antes de irte.

10 de enero de 2017

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